Patrimonio Cultural de la Humanidad
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Durante el período prehispánico el Dpto de Sacatépequez fue una región dominada por los kaqchikeles. La historia y tradición pueden palparse en cada esquina de la antigua ciudad de Santiago de los Caballeros. La fiesta patronal de la cabecera se celebra el 25 de julio en honor a Santiago Apóstol, fecha que Durante 232 años y nueve meses fue la capital de Guatemala, fundada el 10 de marzo de 1543 Un local denominado patrimonio de la humanidad es reconocido por la UNESCO y de importancia
Web Municipalidad de La Antigua Guatemala História de algunos Monumentos de La Antigua Guatemala EL PALACIO DE LOS CAPITANES GENERALES Al lado meridional de la plaza real, se erige la fachada imponente del palacio de los Capitanes Generales. El AYUNTAMIENTO Poco se sabe de edificios, anteriores al actual, que sirvieran al gobierno municipal. Hay datos de reconstrucción o de reparos extensivos después de 1685 y en 1719, le escribieron al rey que se habían reparado los daños del terremoto de 1717 y que había mejorado el edificio. El ayuntamiento actual y su cárcel municipal, empezados en 1740, se han usado casi continuamente desde noviembre de 1743 cuando se inauguraron oficialmente. Varios individuos se asociaron para la delineación y la construcción de este edificio, situado al lado norte de la Plaza Mayor, mirando hacia el Palacio de los Capitanes Generales. Le han dado considerable crédito a Juan José Gonzáles Batres, oficial del gobierno municipal, quien dirigió la obra usando planos que posiblemente, fueron influidos por el ingeniero Luis Diez Navarro. Se mencionan también Juan de Dios Aristondo y Diego de Porres. La fachada principal es de doble arquería, de aire noble, con columnas toscazas estriadas en una base situada unos cuantos escalones por encima del nivel de la calle. En 1766 Francisco de Estrada presentó un plano para extender los diez arcos originales, añadiendo diecisiete más. Esto hubiera presentado una fachada comparable a la del Palacio de los Capitanes Generales al otro lado de la plaza. Los dueños de casas y los comerciantes, quienes hubieran tenido que mudarse, se opusieron al proyecto, y el litigio que resultó estaba todavía sin concluirse en 1773. Todavía es evidente la excelencia de la construcción de este edificio. Sufrió muy pocos daños cuando fue arruinada por el gran terremoto la mayor parte de la cuidad y se ha quedado en su forma original por casi dos siglos desde aquella catástrofe. Se construyeron los muros pesados con la acostumbrada mampostería y se sirvieron de bóvedas de poca elevación para sostener el piso segundo y el techo. La arquería es piedra maciza. Pero el muro oriental que da a la calle es uno de los pocos en la ciudad con revestimiento de piedra tallada. Aunque las junturas de argamasa blanca dan la impresión de ser este muro de grandes bloques horizontales de piedra, el revestimiento se ha hecho de piedras más pequeñas colocadas con una mezcla del mismo color que la piedra. El edificio encerraba un patio grande para cárcel, se entra a este por un corredor largo y una logia magnífica que sostiene una sala de proporciones semejantes en el segundo piso. Los calabozos ocupaban ambos pisos enfrente de la loggia, una escalera dividía monumental entre muros macizos en el lado oriental del patio, servía la cárcel en la parte trasera del segundo piso y la sala del tribunal al sur. Las demás partes del edificio siguen funcionando como ayuntamiento, con Sala de Cabildo, oficinas del alcalde y provisión adecuada para otros servicios municipales. SAN JUAN DEL OBISPO A unos tres kilómetros al sur de La Antigua Guatemala, en las faldas inferiores del Volcán de Agua, se halla el pequeño pueblo de San Juan del Obispo. En 1547 el primer obispo de Guatemala, Francisco Marroquín, construyó una iglesia y un palacio que tenía una vista exelente sobre el valle entero de Panchoy y la nueva cuidad de Santiago que se estaba construyendo. En marzo de 1563, mientras estaba residiendo allí, se enfermo el obispo, y el 5 de abril hizo su testamento antes de ser llevado en una silla de manos a la cuidad, donde murió el 18 de abril. Le enterraron en la catedral el 20 de abril de 1563, aunque no era San Juan ni siquiera un arrabal de Santiago, es históricamente una parte de ella y ha quedado afortunadamente tan parecido a su aspecto de mediados del siglo XVI, que es más valioso como monumento histórico que ningún edificio en la ciudad. No se ha despojado la iglesia de su mobiliario más primitivo, y no se ha alterado materialmente el llamado ¨palacio¨ durante su reciente renovación. Se llega al templo y a la casa obispal mediante escalones desde la plaza-atrio para usar un solo nivel para el edificio entero, lo único del exterior de la iglesia que merece atención es la espadaña a la derecha de la fachada. Detrás de ella se halla una capilla lateral, o baptisterio, con una reja de madera adornada con líneas y colores, el interior del templo es sumamente sencillo, poca iluminación. Ha necesitado considerables reparos durante su historia de cuatrocientos años, pero no se ha reedificado, lo que queda hoy es una fábrica del siglo XVI, muchas veces arreglada, con el techo de madera y teja, reforzado con altos pilares de madera sobre bases se piedra. Aunque los alteres de este templo no son tan antiguos como la iglesia misma, son probablemente tan viejos como cualquiera de los que quedan en la región de La Antigua actualmente, los historiadores dicen que tenía el altar mayor una imagen de San Juan Bautista y tal imagen es parte del altar que todavía se halla allí. El carácter barroco de algunos de estos altares indica que se instalaron allí durante el siglo XVII, varias de las pinturas en los retablos son de buen colorido y están en condición excelente, dado su lugar y su abandono a la intemperie durante largas temporadas cuando estaban en ruinas el techo. Parte del mobiliario es lago tosco, pero un órgano antiguo en el pequeño coro es especialmente notable. Una entrada desde la plaza conduce a un pequeño patio delante del palacio desde el cual se podía entrar a la sala de recibido y las habitaciones particulares del obispo. El patio central tenía su propia entrada por medio de una escalera doble monumental que sube desde la calle que está abajo, en lo más alto de esta escalera, hay una pesada puerta con barrotes torneados de madera, un tercer patio que es mayor, con las habitaciones que lo rodean termina el establecimiento hacia el final oriental de la iglesia. Los arcos de los patios grandes son muy rebajados y los del corredor detrás del templo tienen una luz inusitadamente ancha. Lo más interesante de este ¨palacio¨ es la gran galería que se extiende a lo largo de los lados septentrional y oriental, desde ella se tiene un panorama sobre el valle y de los cerros al norte. Fue San Juan del Obispo una vicaría bajo jurisdicción de los franciscanos de Santiago hasta un poco después de la mitad del siglo XVII, hacia 1660 se mejoró esta residencia, con una población que había aumentado en el distrito se decidió que podría servir más eficazmente como convento, era la vivienda lo bastante amplia para ser morada de seis religiosos. Varias puertas sobre toso las de la sacristía tienen tableros con buenos diseños, no queda mucho auténticamente antiguo dentro del área residencial, con excepción de las rejas por haber sido destruidas o dejadas caerse en ruinas, hace muchos años, las piezas alrededor del gran patio oriental. Hasta una fecha reciente, algunas de las habitaciones al extremo oriental del edificio servían como escuela primaria para el pueblo, en los últimos años el arzobispo de Guatemala ha emprendido la conservación de estas ruinas y la renovación de una parte considerable del ¨palacio¨ esta obra se ha hecho lentamente, con cuidado y evidentemente buen criterio. CONVENTO LAS CAPUCHINAS A petición de las madres capuchinas de Madrid para fundar un convento se su Orden en Santiago en 1720, el rey inició investigaciones sobre la conveniencia de establecerlo. Durante un período de tiempo se discutió el problema de proveer vivienda adecuada para tal convento, y se consideraron varias casas o conjuntos de casas. La cédula real que dio licencia para la fundación de convento de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, de religiosas capuchinas, se expidió el 5 de mayo de 1725 y decretaba que el convento que había de establecerse en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y su claustro adyacente, se debiera limitar a veinticinco religiosas, cinco de ellas legas. Probablemente el factor decisivo en la suspensión temporal por el rey de la cédula anterior, que prohibía la fundación de otros monasterios, fue el hecho de que faltaba en Santiago un convento que no exigiera dote para profesar como lo hacían los que ya existían en la cuidad. Este requisito había impedido que muchas jóvenes de familia buena pero pobre, abrazaran la vida religiosa. La cinco madres fundadoras salieron de Madrid el 25 de abril de 1725, pero no llegaron a su destino sino hasta el 22 de enero de 1726, no estando listo su convento, las alojaron en el de las del carmelitas. El obispo bendijo su iglesia y convento la tarde del 19 de marzo y el 20 de marzo de 1726 llevó a las religiosas en procesión solemne de la catedral al templo de capuchinas. En efecto, no se fundó en la iglesia del Carmen conforme a las provisiones de la cédula real, pues se había decidido que no era conveniente para el propósito. Uno de los otros sitios propuestos, el comprado al Sr. Yrive por el obispo, se sustituyó por el del Carmen, el Rey aprobó este cambio el 24 de julio de 1727, apenas un año más tarde, el 14 de julio de 1728, le pidieron al Rey licencia para aumentar el número acostumbrado en España en los establecimientos de esta Orden, y por lo general en el Nuevo Mundo había más. También el Presidente de la Audiencia y el cabildo eclesiástico habían escrito cartas afirmando la necesidad de las capuchinas para vivienda más amplia. Afortunadamente para estas monjas, el nuevo obispo que tomó posesión en 1730, emprendió la construcción a su propio costo, de un convento espacioso, pareciéndole inadecuado su sitio, escogió uno de los que se había discutido antes de la fundación, el del Colegio de las Niñas Doncellas, llamado comúnmente el Niñado, estando los dos establecimientos bajo la protección real, se facilitó el cambio de sitios. Había de verificarse la permuta en 1731, y el mismo año Diego de Porres reconoció el Niñado y tasó el costo de adaptarlo a los requisitos conventuales. Empezados en 1731, se construyeron la magnífica iglesia y convento a costo del obispo, Juan Gómez de Parada y se acabaron a principios de 1736, el obispo consagró el templo el 25 de enero de aquel año y las religiosas se instalaron en su nuevo convento en marzo, el año siguiente se contrató la fábrica del altar mayor. Unos años antes, cuando se propuso El Niñado para las religiosas capuchinas, se declaró que tenía iglesia formal y edificios en buen estado, No se encuentra relato de haberse removido estas fábricas anteriores. Se puede ofrecer una suposición interesante para explicar el recubrimiento de piedra labrada en este templo y los ligeros contrafuertes en la fachada de la calle, un documento en el Archivo, fechado el 4 de marzo de 1732, menciona la compra de inmuebles al oeste del convento y detrás de la iglesia en construcción. Esto podría significar que el templo había de ensancharse mediante la ampliación de la iglesia del Niñado, en el sitio existente, como sugiera Jorge Luján Muños, parece razonable creer que era demasiado pequeña la iglesia del Niñado, pero construida muy recientemente para justificar su demolición y reconstrucción completa. Se podían usar los muros, si fuesen hechos más altos y ampliar la nave, pero la opinión favorable sobre la incorporación de la iglesia más antigua, no incluye la suposición que se la fachada la del templo del Niñado del siglo XVII, no hay precedente del uso de piedra tallada para la construcción en aquel siglo. El empleo de un revestimiento de piedra labrada en los edificios, tuvo su origen en el segundo cuarto de siglo XVIII, cuando se reconstruyó considerablemente San Felipe Neri (escuela de cristo), varios años después de haber sufrido gran daño en 1717, las descripciones de su planta no indican haberse hecho cambios radicales, y por eso es razonable suponer que no fueran enteramente nuevas las paredes. El vestir los antiguos muros de piedra labrada no habría sido incongruente con la renovación. Diego de Porres, quién se asociaba a la reconstrucción, informó que se consideraba terminada en 1730, este Maestro Mayor en arquitectura posiblemente no inició el empleo de revestimientos de piedra, pero es indudable que su nombre se asocia con todos los edificios donde se usó durante dos décadas –Escuela de Cristo, Santa Clara, Las Capuchinas, el Ayuntamiento, y la parte occidental del Palacio de los Capitanes Generales. En 1731, Diego de Porres comenzó a trabajar en la iglesia capuchina. Al tazar el trabajo necesario para adaptar el Niñado como convento, habría sido una economía conservar los muros originales se su iglesia, tenía disponibles la misma fuente de materiales y los mismos albañiles para repetir el tipo de construcción usada en la Escuela de Cristo. Detrás del revestimiento de piedra labrada, era posible servirse de los muros existentes de mampostería y ladrillo en la parte inferior, y en la parte superior usar sólo ladrillo para aumentar su altura y para efectuar la transición a las bóvedas. La severidad de estas fachadas dieciochescas y su falta de adorno, se debe a un tipo de piedra de la región. Aunque tenía el templo una entrada en un muro lateral, había también una puerta al extremo oriental de la nave, que se abría a un pequeño atrio, esto vino a ser posible por colocarse el coro de las monjas en un sitio distinto del que generalmente ocupaba. En vez de estar en el extremo de la nave opuesto al altar mayor, el coro principal de las religiosas miraba desde el norte hacia el presbiterio y sólo un pequeño coro sobre la puerta oriental seguía el plan acostumbrado. En 1779, sus cinco espléndidos altares laterales se trasladaron a la iglesia de las Capuchinas en la Nueva Guatemala. También en el interior de esta pequeña iglesia de una sola nave, se servía de la piedra en las pilastras estriadas y en los arcos trasversales, por encima de una sencilla cornisa de piedra, había espacios semicirculares perforados por ventanas octagonales en el lado de la calle, bóvedas rebajadas y un poco elípticas cubrían cuatro de los cinco tramos del templo. El que estaba inmediatamente delante del presbiterio era cuadrado en su forma y tenía una bóveda circular que era mas alta. Una innovación en la manera de reforzar se introdujo en los arcos transversales por encima de la nave, con grapas de hierro en forma de U, este parece ser el único ensayo con refuerzos de hierro en Santiago. La sacristía se hallaba detrás del presbiterio y era accesible desde la calle. En el plano existente, no hay lugar para una casa para el capellán y el sacristán, como suele haber en la mayor parte de los conventos. Un solo confesionario se habría desde el antecoro al templo. Aunque el convento tiene una planta tan excelente como la de Santa Clara, construido durante el mismo decenio, no se puede realizar otra comparación, el carácter de los dos claustros y las piezas que lo rodean es completamente distinto. Se ve en Capuchinas un esfuerzo patente por construir de manera que fuera resistente a los terremotos, las columnas macizas y chatas, los muros pesados y los techos menos altos sugieren gran fortaleza. Con respecto al piso bajo, el fin de resistir a los terremotos ha tenido buenos resultados, fue el piso alto el que sufrió el mayor daño en 1751 y en 1773, los muros eran de construcción más ligera y los techos de madera y teja. Aun es posible que el corredor alto tuviera pilares de madera en vez de calicanto. Las piezas alrededor del claustro mayor eran las que generalmente se encontraban en un convento. Había porterías exterior e interior, locutorio, oficina de la madre abadesa, coro, antecoro, salas de labor, guardarropa, refectorio, cocina, despensas, lavandería, baño, etc. HERMITA DEL CALVARIO Al término meridional de la Alameda del Calvario, mas allá de la iglesia de Los Remedios y una fuente del siglo XVII, se erige la ermita SAN JOSE EL VIEJO Hacia 1740, se empezó una capilla modesta en el barrio del Tortuguero para albergar una imagen espléndida de San José que fue obra del gran escultor Alonso de Paz. Esto se efectuó por la recaudación de limosnas hecha por un zapatero, José López Hurtado. Fue usada la pequeña ermita por la gente pobre de este barrio populoso que carecía de iglesia. Las personas de este barrio, no obtuvieron la licencia del rey antes de empezar la construcción, no fue si no hasta el 11 de diciembre de 1742 que le fue hecha una petición por el ayuntamiento. Debido a que las personas no habían cumplido con la ley, mandó su Majestad, el 2 de junio de 1744, que se clausurara la iglesia y se multara al fiscal que dictaminó sobre el asunto. El 26 de enero de 1745 se envió al rey otra solicitud que explicaba la falta que esta iglesia a los vecinos del barrio. Se obtuvo licencia necesaria, se abrió la capilla y se trajo la imagen desde Santa Lucía a donde se había llevada en 1744. No se ha encontrado documento definitivo de la fecha de reapertura de esta capilla original, pero se dice que fue dañada San José en el terremoto de 1751, lo cual indica que estaba en servicio antes de aquel tiempo. Escribió Juarros que después de que volvieron a abrir San José, se emprendió la construcción de una iglesia mas amplia pero que, por falta de medios, la obra prosiguió muy lentamente y no se terminó hasta 1761. No esta claro si fue la iglesia primitiva la que se daño en 1751 o el edificio nuevo, y la petición de barrio en 1759 para que se abriera la iglesia. Se agrando en 1761 y se dedicó el 20 de febrero de 1762. El 11 de octubre de 1763, el ayuntamiento acordó que la festividad de San José que se había celebrado en la iglesia de Santa Catalina y Santa Teresa, se verificara el templo de San José por que estaba casi terminado y diez días después se declaro acabado. Los detalles de la fachada no son los que se supondría encontrar, el barroco no es desagradable, las pilastras mas grandes son un grupo de pilastrillas. Carecen del refinamiento de las de la Santa Cruz, los nichos laterales del cuerpo inferior y la ventana del coro quedan acentuados por las gruesas pilastras parecidas a las de la portada de El Calvario y el templo de Santa Rosa. La única nave esta muy bien iluminada y tiene mas mérito arquitectónico que la fachada, la nave entera está techada de bóvedas bajas pero bien construidas. Hasta que se declaró Monumento Nacional a La Antigua en 1944, se servía de la iglesia de San José como granero para la finca contigua, todavía queda en mejor condición que la mayoría de iglesias afectadas por los terremotos de 1762, 1773 y los que han ocurrido durante los casi dos siglos que han pasado desde la destrucción de Santiago. IGLESIA DE JOCOTENANGO La licencia para fundar una vicaría de la Orden dominica dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, fue concedida por el Capitán General y el Obispo en enero de 1602, aunque estaba esta iglesia en un suburbio de la cuidad cuando se fundó, no lejos de la Plaza Real que otras ermitas que se consideraban como parte de esta extensa ciudad durante el apogeo de su desarrollo. Jocotenango fue fundado por los aliados indios procedentes de Almolonga, inmediatamente después de la destrucción de aquella población en 1541, la mayoría de los habitantes fueron albañiles durante el periodo colonial. A falta de documentos que lo prueben, se cree que los mismos albañiles que trabajaron en edificios eclesiásticos importantes en Santiago hacia fines del siglo VXII y durante el XVIII, construyeron esta iglesia. Una capilla pequeña, al lado septentrional cerca de la parte trasera de la iglesia, fue probablemente la primera fábrica, es completamente distinta en carácter y tamaño y parece mas antigua. El templo grande que existe actualmente y que mira hacia una plaza amplia, tiene todas las características del barroco de fines del siglo XVII, en la fachada las columnas salomónicas, que curvan espiralmente en direcciones opuestas, son parecidas a las de la portada detrás de la iglesia de San Pedro Apóstol, que datan de 1663. Los detalles que rodean la puerta y las hornacinas, son semejantes a los motivos decorativos de Santa Teresa en los años 1682 a 1687, como no hay verificación auténtica de este parentesco cronológico entre la iglesia de Jocotenango y las de Santiago, es posible que no tengan significado estas semejanzas de detalles, si bien es cierto que se ha reconstruido considerablemente dos veces, después de 1717 y 1773, durante los terremotos de 1717 se cayó la mitad de la fachada. No se sabe con certeza si fue la de la plaza, pero parece improbable que fuera la de la pequeña capilla de la Virgen, cualquiera que fueran los daños de 1773, fueron borrados por la renovación, posterior a aquella fecha, que se hizo a pesar de que muchos de los albañiles y sus familias se trasladaran a la Nueva Guatemala. Durante el período colonial, era Jocotenango una comunidad importante por la cual se llegaba a Santiago desde Chimaltenango, y los altos y México. Fue allí que los dignatarios civiles y eclesiásticos salieron al encuentro de huéspedes distinguidos de México y de España y de los nuevos Capitanes Generales, obispos y altos funcionarios. En la primera parte del siglo XVII, establecieron los habitantes una festividad anual conocida como la feria de Jocotenango, la cual se celebra todavía. La fuente que queda de la iglesia se puso al servicio del público el 30 de junio de 1733 ERMITA DE SAN CRISTOBAL EL BAJO La tercera ermita de la parroquia de Los Remedios, San Cristóbal el Bajo, fue el centro de otro barrio. Hoy es un distrito de pocos habitantes al lado sureste, pero la iglesia es grande e indica que en alguna época era de una comunidad numerosa, cuya jurisdicción estaba en la región entre ella y San Juan del Obispo, al pie del Volcán de Agua. Sin embargo, su sitio está bastante cerca de la ermita de El Calvario. Al parecer, fue construida esta iglesia en la primera parte del siglo VXII, posiblemente antes de 1625, puesto que se pidió al Ayuntamiento, el 19 de abril de 1607, licencia para hacer construir la ermita. Aun sin fecha exacta para su edificación tendría que fecharse la fachada anterior a 1650, aun si existiera o no otra razón, porque es tan tenuemente barroca y libre de decoraciones en su superficie. ERMITA DE SANTA ANA Al sureste de la cuidad, habían tres barrios lo bastante populosos para tener cada uno su propia iglesia. La primera de ellas, más allá de La Santa Cruz, fue la ermita de Santa Ana, al sureste de la ciudad. Este barrio tenía un número considerable de habitantes durante todo el período colonial. Dice Pardo, que existía allí una pequeña capilla antes de 1541, y que en aquel año se erigió en ermita, si eso es correcto, es Santa Ana la iglesia más antigua fundada en el Valle de Panchoy. Según lo escrito, la ermita tenía, hacia 1690, una hermosa iglesia pequeña situada en una comunidad de indios cakchiqueles, en 1739 se propone que una parte de los tributos de los habitantes de ese lugar se cedieran para la reconstrucción de esta iglesia, y un documento de 1743 ordenó un reconocimiento para averiguar el estado del templo. Son congruentes esta fechas con el tratamiento arquitectónico de la fachada como se ve hoy. Es cierto que se reconstruyó la iglesia al menos una vez después del siglo XVI, el templo actual es sin duda de construcción colonial, aun cuando sufrió mucho daño en los terremotos de 1917-18 y necesitó reparos considerables que se terminaron en 1929. Se ha mantenido la iglesia más o menos reparada desde 1773 y ha servido la mayor parte de este tiempo. Una renovación más general fue terminada para rededicarla en marzo de 1965, gracias a la generosidad de la señora Matilda G. Gray de Estados Unidos de América, quien tenía una casa en La Antigua Guatemala. La iglesia es más grande que el tamaño promedio, tiene una sola nave techada de madera y una fachada con numerosos detalles, que no aparecieron en Santiago hasta después del primer cuarto del siglo XVIII. Las doce pilastras grandes dan una riqueza considerable a la fachada, hay una semejanza notable col las pilastras de la portada de El Calvario, pero son más completas en sus detalles las de Santa Ana, asemejándose más a una hilera de pequeños cofres que al almohadillado –un término dado a veces a este motivo cuando se usa en las pilastras- se encuentra, la misma composición general en las iglesias dieciochescas de Santa Rosa y San José el Viejo. Además, los campanarios bajos se parecen a los de San José el Viejo, en su forma y en las pilastras que se hallan aplicadas en ambas para suavizar un cuerpo inferior que, por lo demás esta sin ornamento. Los elementos que sostienen los nichos son notablemente parecidos a los de Santa Rosa, también el arco mixtilíneo encima de la puerta es idéntico a los empleados por José Manuel Ramírez, en el Seminario Tridentino en 1738, en todos estos motivos son evidentes los rasgos de una fachada de mediados del siglo XVIII. El arco de piedra que hace marco a la puerta misma, los muros gruesos, y el interior severo, son indicativos de una iglesia más antigua, y muy posiblemente son de un período de construcción anterior. También queda una cúpula, y contrafuertes pesados que parecen ser definitivamente del siglo mencionado. ERMITA DE SANTA ISABEL En el barrio más cercano hacia el sur de Santa Ana, al sureste de la cuidad, es el mas modesto de Santa Isabel que se conocía según Pardo, como el de los jaboneros. Actualmente la ruina de la ermita de Santa Isabel da a una pequeña plaza cubierta de hierba entre las siembras de cafetos. Por detrás de la fachada rota más que unos cuantos muros desmoronados, la fachada parecida a un retablo distribución típica de otros templos barrocos de Santiago, pero hay menos ataurique de lo acostumbrado. No tienen las pilastras el carácter del llamado ¨estípite¨ del convento de Santa Clara, pero sus superficies planas adornadas sugieren el mismo período de hechura. SANTA CLARA Durante el último decenio del siglo XVII se iniciaron los preparativos para la fundación del cuarto monasterio de religiosas en Santiago. En 1693, se concedió licencia real para la fundación de un convento bajo la regla de San Francisco. Se les legó una casa al extremo oriental de la Plaza de San Pedro Apóstol y un donativo para el uso de las clarisas. Los vecinos dieron limosnas generosas, se alisto la casa para servir provisionalmente de monasterio, y se construyo una iglesia pequeña. En diciembre de 1669, llegaron de puebla México seis monjas quienes fueron huéspedes del convento de la Concepción, hasta que se instaló en ceremonia en su propia morada el 14 de enero de 1700, hasta 1703 tenían las monjas las oficinas necesarias, aun cuando no era su edificio de la forma conventual acostumbrada, el 15 de febrero de 1703 se inició la construcción de un convento calicanto. Era el edificio de dos pisos y configuraba tres lados del claustro, en el piso bajo estaban la sacristía interior, el refectorio, la cocina, sala de labor y otras oficinas, el piso alto tenía el noviciado y celdas para cuarenta y seis religiosas, existían enfermerías en ambos pisos, se terminó en dos años y quedo sin cambios hasta 1716. Juarros escribió que se concluyó este primer convento en dos años, el convento que se ve en ruinas el día de hoy, nunca se habría podido edificar en tan poco tiempo. Un documento archivado de mucho interés fechado 22 de mayo de 1734, tocante a una inspección del convento por Diego de Porres y Antonio Gálvez, muestra que estaba incompleta la fabrica en esa fecha, no estaban terminados algunos de los muros que la cercaban, y no había más que trece celdas para monjas en le piso alto, aunque había tres escaleras que daban acceso a éstas, a la enfermería y al noviciado. En el piso bajo, hallaban diez salas que servían de sacristía, sala para convalecientes, cárcel para monjas dementes, refectorio, cocina, tres piezas para las escaleras. Se relataba que los muros que encerraban el claustro, debieron terminarse según se proyectaba y que se necesitaba espacio adicional para poder servirse mejor de las salas alrededor del claustro principal, para oficinas que le faltaban. La iglesia definitiva de Santa Clara estaba al extremo de la Plaza de San Pedro, donde según se dice, se encontraba la primera casa de estas religiosas. Tal vez se delineó esta nueva iglesia grande antes de 1717, pero faltan documentos que lo verifiquen. Hay uno, sin embargo, declara que en 1723 se trabajaba en el templo de Santa Clara, no obstante, no se estrenó hasta el 11 de agosto de 1734, esta tardanza fue explicada en una carta al rey, antes de 1732, rogándole ayuda, y mencionando que a causa de los terremotos de 1717, estaba sin templo la orden y no tenía más que la mitad de las rentas que antes recibía. La terminación eventual, unos años más tarde, se efectuó gracias a la generosidad del Capitán General. El templo de Santa Clara, como el de Santa Catalina, está orientado con el altar al norte, y tenía dos entradas para el público en el muro lateral occidental. Este muro que da a la calle tiene un aspecto macizo, aun las entradas adornadas no logran cambiar esta impresión, el exterior de la iglesia está cubierto de un revestimiento de piedra labrada, señalada con junturas de mezcla fingidas. Se usó la misma técnica en el Ayuntamiento y en unos cuantos otros edificios del siglo XVIII, debajo de esta capa, usaron las acostumbradas paredes macizas de mampostería, ladrillo y argamasa, puesto que asocia Diego de Porres con el Ayuntamiento, y se cree que fue el arquitecto de la Escuela de Cristo, donde también se uso este revestimiento de piedra, se supone que pudiera haber sido también el arquitecto de la iglesia de Santa Clara. La única nave se extiende al sur por medio de un coro grande dos plantas para las monjas. Se ha señalado que la puerta en la fachada meridional de la iglesia fue tapiada con calicanto después de haberse terminado el templo, y añadida una reja para hacer un coro bajo. Esto se verifica fácilmente reconociéndolo, y es posible que se hiciera así para corregir un defecto del plano, como relataba un documento en México. No se necesitaba realmente la puerta meridional, y un coro bajo enfrente del altar mayor era normal en iglesias conventuales. Si era el coro bajo un cambio hecho después de 1734, mejoro funcionalmente la distribución, el mismo documento enumeró otros varios errores de la traza que eran manifiestos para las clarisas, pero en su totalidad el plano, de este convento y su iglesia muestran unidad y calidad sobresalientes. Se ve que fue una institución que se planeó en su totalidad y no creció por agregados posteriores. El rico decorado de la fachada contrasta vivamente con la severidad del muro queda a la plaza, además está casi completamente escondida a los ojos del público. Esta fachada está cubierta de un diseño de ornamentación en estuco profundamente modelado, integrado con una variedad de formas arquitectónicas. Hay una semejanza notable entre éstas de Santa Clara y las pilastras de la fachada de una iglesia franciscana fundada anteriormente en Almolonga o Ciudad Vieja, como se ha descrito al tratar de San Felipe Neri, en el capitulo V. Las pilastras están pareadas en todos los cuerpos de la fachada y forman marcos para hornacinas, donde hay figuras moldeadas en estuco. Estas pilastras y las empleadas alrededor de las puertas del templo, se asemejan más al churrigueresco que cualquier otra obra de la arquitectura de La Antigua, pero les falta el bien diseñado refinamiento de línea que se encuentra en la piedra tallada del churrigueresco mexicano. Lo mas interesante de esta fachada no es el ¨estípite¨ sino el diseño intrincado y fluido del ataurique que está en parte estilizado y en parte es naturalista. Esta esmerada fachada y los problemas económicos para concluir el templo, representa una perdida considerable de dinero y trabajo si la intención original fue cercarlo con muros que la escondieran. Un estudio de la planta hace creer que no fue eso el pensamiento original, es muy probable que esta fachada diera a un atrio o lonja, que se extendía hasta la esquina. Hay suficientes precedentes para esto, tan cerca como en el hospital e iglesia de San Pedro Apóstol, al otro extremo de la plaza. El edificio que está inmediatamente delante de la fachada no es del mismo período, ni parece ser parte del plano del convento. No hay duda de que la casa particular que se encuentra en la esquina es ajena al diseño, el edificio del convento se delineó con sencillez clásica, el espacioso claustro estaba rodeado de una doble arquería de proporciones excelentes, una fuente grande se encontraba en el centro del claustro principal, y otra mas pequeña estaba en el jardín al sur de la cocina. Los azulejos de esta fuente se trasladaron al patio de la vivienda del Gobernador, en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales hacia 1936. Había otro jardín paralelo al convento hacia el este, y un patio angosto dio a las piezas en ese lado privacidad adicional. Fuentes más pequeñas se encontraban en ambas áreas, y pequeñas logias daban a ellas. Se hallaban muchos refinamientos en el templo y convento de Santa Clara, y para un límite de menos de cincuenta religiosas parece haber sido muy amplio el edificio |