BRASIL

História y Cultura

Geografía

Brasil es el mayor país de América Latina; su territorio ocupa casi la mitad del continente sudamericano (47,3%), con una superficie
de 8.511.965 km.2 y es el quinto país en tamaño del mundo, después de Rusia, Canadá, China y los EUA de América. El territorio brasileño
está constituido por un bloque único y un pequeño número de islas. En un mapa del globo terráqueo puede apreciarse que la saliente oriental
de Brasil se ajusta a la curva cóncava de la costa oeste de África. De acuerdo con la teoría de la separación y desplazamiento de los
continentes, África y América del Sur fueron una vez linderos entre sí, pero se habrían separado hace millones de años.

La línea del Ecuador pasa a través del norte del país cerca de Macapá, capital del Estado de Amapá; el Trópico de Capricornio pasa
por el sur cerca de São Paulo. El ancho máximo de Brasil, 4.319,4 kilómetros, es casi igual a la mayor distancia entre el norte y
el sur del país, es decir, 4.394,7 kilómetros.

SU HISTORIA

Descubrimiento y Colonización

Descubrimientos Portugueses (1487-1500)

En los siglos XV y XVI, Portugal, un reino ibérico con escaso millón de habitantes, estaba cercado por el Océano Atlántico al frente, y una Castilla
cuyo reino le era hostil, en la retaguardia. Luego de años de luchas contra la ocupación de los moros, los portugueses dirigieron su atención y
energía hacia el mar y la navegación. Mientras los españoles partieron en busca de una ruta a Oriente viajando hacia el oeste, los portugueses
optaron por el llamado Ciclo del Sur bajando por la costa de África.

Luego de pasar el Cabo de Buena Esperanza en 1487, fueron guiados por el navegante Vasco da Gama a través del Océano Indico, y descubrieron
la ruta marítima hacia el Lejano Oriente en 1497. Estos navegantes conocían la existencia de tierras al otro lado del Atlántico y ya habían realizado
diversas expediciones hacia el oeste antes de que Colón descubriera las Antillas en 1492, pero habían ocultado la información para anticiparse
a las ambiciones de España, Inglaterra y Francia. Para una nación pequeña, mantener el secreto era el único método disponible para salvaguardar
las recompensas de expediciones audaces y exitosas de la explotación de otros rivale más poderosos.

El Tratado de Tordesillas (1494) planteó más tarde la cuestión de la posesión de las nuevas tierras entre España y Portugal. Se acordó que los
territorios ubicados al este del meridiano que pasa a 370 leguas al oeste de las Islas de Cabo Verde pertenecían a Portugal, y las tierras al oeste
del meridiano quedaban para España. Esta línea imaginaria, de polo a polo, dividía la parte oriental del continente sudamericano y constituyó la
primera frontera de Brasil, si bien su descubrimiento formal por parte de Pedro Álvares Cabral no ocurrió sino hasta seis años más tarde, en 1500.

Primeros Asentamientos (1530-1549)

El viaje de Cabral fue pronto seguido de otras expediciones portuguesas. La mayor riqueza explotable que encontraron fue un tipo de madera que
producía tintas rojas y púrpuras, el pau brasil (del cual el país obtuvo su nombre). La ocupación organizada recién comenzó en 1530, cuando Portugal
envió a los primeros colonos con animales domésticos, plantas y semillas para establecer asentamientos permanentes. Los pequeños enclaves
existentes en el nordeste se fueron consolidando; São Vicente, en la costa del moderno Estado de São Paulo, fue fundada en 1532, y la ciudad de
Salvador le siguió en 1549, más tarde elegida como asiento del Gobernador General. El territorio estaba escasamente poblado por tribus indígenas,
algunas pacíficas, otras, especialmente en el interior, feroces y guerreras. A medida que se ocupaban más tierras, fue necesario contar con un sistema
de administración. Como primer paso, la Corona portuguesa creó un número de feudos hereditarios o capitanías. Catorce de ellas -algunas incluso
más grandes que Portugal- se establecieron a mitad del siglo XVI, y los beneficiarios, llamados capitanes mayores, eran responsables de su defensa
y su desarrollo. El sistema de capitanías fue determinante para que -incluso hoy en día- Brasil sea un país con marcados regionalismos.

El Período Colonial

El litoral húmedo y fértil correspondiente al actual Estado de Pernambuco era adecuado para el cultivo de la caña de azúcar y estaba
convenientemente ubicado como puerto de escala para los barcos que viajaban desde Portugal hacia el oeste de África y el Oriente. La caña de
azúcar y la técnica para su cultivo habían llegado a Brasil desde la Isla de Madera; muy pronto se desarrolló un comercio floreciente, basado
en la importación de esclavos del oeste de Africa para trabajar en las plantaciones de azúcar. Este producto se exportaba a los mercados de
Europa donde la demanda creciente estaba empezando a agotar las reservas de los proveedores tradicionales.

La Unión de las Coronas de España y Portugal (1580-1640)

El incipiente desarrollo económico de Brasil fue interrumpido por los eventos acontecidos en Europa. Cuando el Rey Sebastián de Portugal murió
en 1578, Felipe II de España reclamó y obtuvo el trono vacante en Lisboa como Felipe I. De 1580 a 1640, las dos coronas peninsulares estuvieron
unidas bajo los reyes de España. América del Sur se convirtió durante ese lapso en un área de influencia hispánica.
En ausencia de fronteras, tanto los portugueses como los brasileños comenzaron a penetrar más profundamente en el inmenso interior de la
colonia. El principal punto de inicio para esta exploración fue la Capitanía de São Vicente y, desde su base en São Paulo, los pioneros empujaron la
frontera desde el litoral hacia el interior. Las expediciones (conocidas como bandeiras) en busca de esclavos indígenas se abrieron paso a través
de selvas, escalaron difíciles escarpados, y marcharon hacia la meseta interior. Como resultado, los expedicionarios (bandeirantes) trajeron de
vuelta con ellos a los indígenas capturados de las misiones jesuíticas esparcidas en el interior del país. Así, sin proponérselo,
los bandeirantes expandieron las fronteras del futuro país.

La Expansión Territorial (1600)

En 1640, cuando Portugal recuperó su independencia durante el reinado de Juan IV, los portugueses se rehusaron a abandonar las tierras que
habían ocupado y colonizado al oeste de la línea original del Tratado de Tordesillas. Reclamaron lo que desde entonces se ha reconocido en
Derecho Internacional como el derecho de uti possidetis -derivado no solo del título sino también de la posesión útil- y lograron establecerse como
legítimos dueños. En la segunda mitad del siglo XVII, Portugal recuperó su independencia de España y liberó la región Nordeste de Brasil de 24 años
de ocupación por fuerzas holandesas. Comenzó después el debilitamiento de la economía del azúcar, que provocó una creciente migración de
conquistadores desde las zonas de plantaciones azucareras hacia territorios inexplorados del inmenso territorio brasileño.

El Descubrimiento del Oro (1690-1800)

La consecuencia más importante de estas expediciones fue el descubrimiento de yacimientos auríferos. Al mismo tiempo que la fiebre del oro
convocó a miles de personas que habían quedado ociosas en las plantaciones costeras, también atrajo inmigración nueva desde Portugal.

Otra consecuencia de la fiebre del oro fue el incremento de la cría de ganado para proveer de carne y cuero a los centros mineros, además de las
nuevas ciudades emergentes que se formaban en lo que hoy es el Estado de Minas Gerais. En total, casi 1.000 toneladas de oro y 3 millones de
quilates en diamantes fueron extraídos de la región entre 1700 y 1800. El crecimiento de la minería en Brasil fue un importante desarrollo que influyó
en el curso de los acontecimientos, no solo en la colonia sino también en Europa. Aunque el oro era confiscado por Portugal y embarcado hacia
Lisboa, no permaneció allí; por el Tratado de Methuen, de 1703, Inglaterra proveía de productos textiles a Portugal, que a su vez se pagaban con el
oro de las minas brasileñas. El oro brasileño que terminó en Londres ayudó a financiar la Revolución Industrial.

El Café

El auge de la minería de oro y diamantes, así como fue en su tiempo el azúcar, pronto sería superado por el surgimiento de otra fuente aún más
importante de riqueza: el café. Así como la minería provocó migraciones masivas desde Pernambuco y Bahía hacia Minas Gerais, la expansión del
cultivo del café adelantó el asentamiento en tierras desocupadas todavía más hacia el sur. El café había llegado a Brasil por primera vez desde la
Guyana Francesa en el siglo XVIII. Las primeras plantaciones se ubicaban en regiones bien provistas de mano de obra esclava en el interior de
Río de Janeiro; pero la abolición de la esclavitud y la inmigración europea en el Estado de São Paulo a fines del siglo XIX hicieron que los cultivos de
café se trasladaran al sur, hacia zonas donde las condiciones del suelo, el clima y la altitud se combinaban creando un medio ideal. Este ambiente
favorable llevó a Brasil a convertirse en el mayor productor de café del mundo.
Otro evento destacado en la segunda mitad del siglo XVIII fue la transferencia del asiento del gobierno colonial. Después de más de 200 años en
Salvador, la capital se mudó a Río de Janeiro, donde dominaba la ruta principal de acceso a Minas Gerais y estaba más cerca de los centros
poblados en crecimiento de las regiones sureñas de la colonia.

La Independencia

El Sentimiento de Nacionalidad

El rol de Portugal durante el período en que gobernó Brasil fue esencialmente de intermediario entre la colonia como productora y los centros
económicos de Europa como consumidores. Como monopolizaba todo el comercio con Brasil, Portugal retenía una parte sustancial de los beneficios,
y esto llevó al aumento del descontento entre los colonizadores establecidos en el nuevo territorio. A partir de las invasiones holandesas y francesas
en la región nordeste a principios del siglo XVII, los colonos habían desarrollado un sentido de nacionalismo partidario de expulsar los invasores.

La urgencia de asegurar la libertad política comenzó seriamente en la segunda mitad del siglo XVIII. A pesar de que el concepto de independencia
era generalmente compartido, algunos movimientos contra las autoridades portuguesas fueron claramente regionales en sus alcances. La
Conjuración Minera (Inconfidência Mineira), el más significativo de estos movimientos aislados, ocurrió en el centro de una zona, en aquel tiempo,
de explotación de minas de oro. Su líder entusiasta era un joven oficial de caballería, Joaquim José da Silva Xavier, apodado Tiradentes. Había
obtenido apoyo principalmente de intelectuales, quienes compartían los mismos ideales de libertad que habían inspirado el enciclopedismo francés y
a los líderes de la Revolución de EUA. La conspiración fue descubierta y sus líderes recibieron sentencias muy severas: Tiradentes fue colgado en
una plaza pública en Río de Janeiro. Otros incidentes, algunos de los cuales recibieron amplio apoyo, ocurrieron en Pernambuco y Bahía, donde la
caída de la economía azucarera agravó los problemas creados por la subordinación del país a Portugal. Ninguno de ellos, sin embargo, fue
suficiente como para poner en peligro la dominación portuguesa en Brasil.

El Traslado de la Corte Portuguesa a Brasil (1808-1821)

En 1808, mientras los ejércitos de Napoleón comenzaron a invadir Portugal, se tomó la decisión de trasladar al monarca y su corte a Río de Janeiro
para preservar la integridad física de sus miembros; permanecerían en Brasil hasta 1821. El establecimiento de la administración real en la colonia
por un período de 14 años aceleraría el camino hacia la independencia, pero a partir de ese momento, bajo una única voz. La Corona portuguesa,
conscientemente o no, tomó algunas medidas que facilitaron la transición hacia la independencia. La elevación de Brasil, en 1815, del status de
colonia al de Sede del Reino Unido de Brasil, Portugal y Algarves (territorios del reino en África) puede ser considerado como un ejemplo.
Otro fue que, si bien la dominación de Napoleón finalizó en 1815, el entonces Príncipe Regente (coronado D. Juan VI en 1818) prefirió permanecer en
Río de Janeiro, aunque seis años más tarde, en 1821, debió rendirse a las presiones implacables de los políticos de Portugal y retornar a Lisboa.
Dejó a su heredero en Río con el título de Príncipe Regente. Más aún, en presencia de miembros de la sociedad colonial, el Rey supuestamente le
aconsejó: "Pedro, hijo mío, cuando llegue el momento, coloca la corona en tu cabeza antes de que un aventurero se la ponga".

La Proclamación de la Independencia (1822)

La irritante posición de los políticos de Lisboa ante este estado de cosas y los halagos de sus más cercanos consejeros brasileños, atrajeron
al joven príncipe a la causa de la independencia. A poco menos de un año desde que su padre había vuelto a Portugal, el 7 de septiembre de 1822,
el Príncipe Heredero proclamó la Independencia de Brasil y se coronó solemnemente como Emperador Pedro I, el 1º de diciembre de ese mismo
año. El ideólogo más importante de la Independencia brasileña fue José Bonifácio de Andrade e Silva.
Mientras que las colonias españolas en América lucharon ferozmente por su Independencia (luego terminarían siendo 18 repúblicas), Portugal y
Brasil resolvieron el asunto por medio de negociaciones, luego de una breve guerra de Independencia (1822-1824). Brasil se constituyó
entonces como Imperio bajo el mando de Don Pedro I quien continuó siendo el heredero al trono portugués.

El Imperio

Pedro I (1822-1831)

El primer gobernante del Brasil independiente tenía una personalidad llamativa. Realizó una importante contribución para acelerar el proceso de
evolución social y política del siglo XIX, otorgándole a Brasil en 1824, y a Portugal dos años más tarde, constituciones extremadamente avanzadas
para su época y rompió con los tabúes del Derecho Divino de los Reyes. En 1826, con la muerte de Juan VI, Don Pedro heredó el trono de su padre.
Sin embargo, abdicó al trono portugués en favor de su hija, la Infanta Maria da Glória, que se convirtió en la Reina María II. En el año 1831 abdicó al
trono de Brasil en favor de su hijo, Don Pedro II, quien aún era menor de edad. Esta decisión, apresurada en parte por diferencias con el
Parlamento Brasileño, fue motivada asimismo por el espíritu arriesgado que lo llevó de vuelta a Portugal para desalojar a su hermano Miguel,
quien había usurpado el trono a la joven Reina María.

Pedro II (1831-1889)

A diferencia de su padre, Pedro II creció para ser un monarca austero, moderado y erudito. Durante su reinado de medio siglo, Brasil alcanzó la
madurez política y cultural, y la unidad de su vasto territorio fue firmemente asegurada. Sus instituciones políticas y sociales se desarrollaron en
forma pacífica y alcanzaron estabilidad. Se creó una administración competente; la esclavitud fue poco a poco eliminada hasta su completa
abolición en 1888; la inmigración europea fue activamente promovida; y se planificaron programas de salud y asistencia social a escala nacional.
La influencia ejercida por el Emperador sobre el pueblo y sobre las instituciones del país contribuyó, en gran medida, a asegurar que la transición
de la Monarquía a la República, cuando eventualmente sucedió, fuera sin derramamiento de sangre.
Aunque la paz y la estabilidad se mantenían dentro del país durante el Imperio, Brasil se encontraba expuesto a amenazas externas a lo largo de
su frontera sur durante este período, que terminaron en la Guerra de la Triple Alianza. Esta fue una guerra larga y cruenta (1865-1870) en la que
Brasil se unió a Argentina y Uruguay en contra de Paraguay, gobernado por Francisco Solano López.
Por el tratado de paz de 1872, Brasil garantizó la integridad territorial de Paraguay y renunció a todos sus reclamos por indemnizaciones y
deudas de guerra. Este fue el último conflicto armado que ha tenido Brasil con alguno de sus diez países vecinos.

La República

El Fin del Imperio: la Abolición de la Esclavitud (1888)

La abolición completa de la esclavitud fue generalmente considerada como la causa más directa de la caída de la monarquía. En 1888 el Emperador
viajó a Europa y dejó a su hija, la Princesa Isabel, como Regente. El 13 de mayo de 1888, en respuesta al colapso de la esclavitud como sistema
práctico, y cediendo a las presiones de los abolicionistas, firmó la llamada Ley Áurea (Lei Áurea) que terminó con la esclavitud en Brasil. Aún así,
debe destacarse que a fines del siglo XIX, la esclavitud también estaba disminuyendo a causa de la presión ejercida por los trabajadores
inmigrantes cuyos sueldos eran menores a los gastos necesarios para mantener esclavos.
La Ley Áurea despertó reacciones entre los propietarios de esclavos, que rápidamente erosionaron las bases políticas de la monarquía. Después
de unos meses de crisis en el Parlamento, el Emperador fue depuesto el 15 de noviembre de 1889 por un movimiento militar que proclamaba
la derogación de la monarquía y el establecimiento de la República.

La transformación institucional fue profunda y aunque el Emperador y su familia fueron tratados con respeto, se les ordenó que dejaran el país.
Acompañados por sus colaboradores más cercanos, se exiliaron en Francia. La mayoría de los líderes del país brindaron apoyo y colaboración al
nuevo régimen; entre ellos se encontraba uno de los estadistas más destacados de Brasil, el Barón de Rio Branco que, por medio de tratados y
arbitrajes, logró soluciones para las controversias pendientes de Brasil con sus vecinos respecto de los límites fronterizos.

La Federación y el Sistema Presidencial

La recién nacida República adoptó el sistema federal que se mantiene hasta el día de hoy. Las provincias del Imperio se transformaron en Estados;
el sistema parlamentario fue reemplazado por el presidencial; se creó un Congreso bicameral (Cámara de Diputados y Senado) y, asimismo, una
Corte Suprema completamente independiente. En los Estados se adoptó la misma estructura. Los presidentes, elegidos de acuerdo con las
normas del sistema constitucional vigente, se sucedieron unos a otros hasta 1930.

La Nueva República (1930-1937)

La llamada Primera República duró hasta 1930 cuando, por primera vez, el gobierno fue derrocado por la fuerza. El objetivo principal del movimiento revolucionario vencedor, encabezado por Getúlio Vargas, fue la reforma del sistema político y electoral que, a falta de partidos políticos fuertes, había
permitido la práctica de elegir presidentes apoyados por quienes gobernaban los influyentes estados de São Paulo y Minas Gerais. Los gobernadores,
a su vez, aseguraban la elección de representantes congresales comprometidos a llevar adelante las políticas del gobierno central.

Getúlio Vargas, quien gobernaría Brasil por los siguientes 15 años, llegó al poder en tiempos problemáticos. El país comenzaba a sentir los
efectos de la depresión mundial, que redujo drásticamente el precio del café, su principal riqueza. El escenario de la política interna se complicaba
no solo a causa de la crisis económica resultante sino también, a medida que la década avanzaba, debido a enfrentamientos entre minorías
militares inspiradas en las ideas que llegaban al país desde la Alemania nazi y la Italia fascista, por un lado, y en la ideología comunista
importada de la Unión Soviética, por el otro.

La Era Vargas (1938-1945)

En 1934, una vez que el gobierno de Vargas se había consolidado, se estableció una nueva constitución que amplió el derecho al sufragio y concedió
el voto a las mujeres. A fines de 1937, poco antes de llegar a las elecciones presidenciales, la tensa atmósfera política y los disturbios llevaron
al Presidente Vargas a declarar el estado de emergencia. Vargas continuó luego con la disolución del Congreso y asumió poderes extraordinarios
para gobernar por decreto bajo un régimen autoritario. A pesar de los tiempos difíciles, se adoptaron algunas políticas importantes que introdujeron
una legislación avanzada para la asistencia social, la reforma del sistema educativo, y se hicieron progresos sustanciales en la industrialización,
que incluyeron la construcción de la primera gran acería de Brasil (1942-1946).

Cuando se inició la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Vargas no podía ignorar la preferencia espontánea de la mayoría de los brasileños
por los Aliados. El sentimiento popular, más tarde inflamado por las acciones hostiles de los submarinos alemanes frente a las costas de Brasil,
forzó al Presidente a abandonar su posición neutral. En agosto de 1942, Vargas declaró la guerra a las potencias del Eje; Brasil equipó una
pesada Fuerza Expedicionaria de 25.000 hombres, la cual luchó en Italia junto al Quinto Regimiento de los EUA. Brasil fue el único país de América,
además de EUA y Canadá, que envió fuerzas armadas al teatro de guerra en Europa.

El Brasil de post-guerra

El Brasil moderno

A medida que la guerra en Europa llegaba a su fin, Vargas fue obligado a renunciar y se llamó a elecciones para designar a un sucesor. Con
elecciones por primera vez en 15 años, el electorado le concedió la mayoría de sus votos al General Eurico Gaspar Dutra, quien había sido Ministro
de Ejército de Vargas durante la guerra. Una asamblea constituyente aprobó una nueva constitución democrática en 1946, que estuvo vigente hasta
1967. El período de Dutra finalizó en 1951. Mientras tanto, Vargas, refugiado en su estancia de Rio Grande do Sul, se había preparado para las
elecciones. Había vuelto para cosechar alguna recompensa por sus medidas progresistas en la legislación de áreas como bienestar social y los
sindicatos de trabajadores. Al término del mandato de Dutra, Vargas fue constitucionalmente elegido Presidente de la República. En 1954, en medio
de una aguda crisis política que amenazaba deponerlo, se suicidó y su mandato fue concluido por una administración de transición.

Durante la presidencia de Juscelino Kubitschek (1956-1961), fundador de Brasília, Brasil experimentó cinco años de acelerada expansión
económica. Fue seguido por el Presidente Jânio Quadros, quien renunció luego de un año apenas en ejercicio. El Vicepresidente de Quadros
era João Goulart, quien juró como presidente después que el Congreso eligió precipitadamente un sistema parlamentario que restringía en
forma drástica los poderes presidenciales. En un plebiscito llevado a cabo cuatro meses después, sin embargo, el Presidente Goulart fue
capaz de persuadir a los votantes para restituir el antiguo sistema presidencial. Por esos años, la inflación galopante y la polarización política
entre la izquierda y la derecha provocaron un período de inestabilidad política y social y de crisis económica. Ante las supuestas simpatías
marxistas de Goulart, los militares lo derrocaron mediante un golpe de estado, el 31 de marzo de 1964.

El gobierno militar (1964-1985)

El período de 1964 a 1985 fue dominado por los militares, si bien fue menos severo a partir de 1979. En este período hubo cinco presidentes,
todos generales del Ejército. El primero, Castelo Branco, llegó al poder bajo una consigna de anti-comunismo; su principal tarea era la de estabilizar
la situación política y económica. Se hicieron extensas enmiendas a la Constitución para proveer al gobierno de poderes y mecanismos que le
permitieran alcanzar esas metas. Durante los siguientes 15 años, de 1968 a 1983, el gobierno firmó varias Actas Institucionales, que fueron,
en realidad, decretos presidenciales. En este período se suspendieron muchos derechos individuales y colectivos. Nuevas medidas de
austeridad afectaron la vida económica y política: se eliminaron los acuerdos colectivos, las huelgas eran virtualmente ilegales y los
movimientos de la clase trabajadora fueron restringidos.

En 1968, durante el gobierno del Presidente Arthur da Costa e Silva, las estrategias económicas parecían empezar a funcionar. La inflación
estaba contenida y las empresas extranjeras comenzaron a realizar nuevas inversiones, confiadas en la estabilidad del régimen. En el plano
político, sin embargo, el gobierno se tornó más represivo. En 1969 el presidente Costa e Silva renunció por problemas de salud y fue sucedido por
una junta militar, que a su vez sería sustituida dos meses más tarde por Emilio Garratazu Médici.
Entre 1967 y 1974, Brasil disfrutó de una de las mayores tasas de crecimiento económico del mundo con un incremento real del Producto
Interno Bruto que llegó al 14% en 1973. A mediados de los 70, Ernesto Geisel, quien era entonces presidente, propuso un período de descompresión,
es decir, de pasos graduales que llevarían al restablecimiento de la democracia. En 1979, João Baptista Figueiredo asumió como presidente.
Este era también el comienzo de la apertura, el proceso de restauración de los derechos políticos que habían sido revocados. Muchos de los
exiliados pudieron regresar al país y se aceleró la demanda pública para la re-democratización. Figueiredo se mantuvo firme en el proceso de
apertura. En 1982, el país llamó a elecciones directas para gobernadores de los Estados, la primera desde 1965.

El retorno a la democracia (1985)

En 1984, se generalizaron las protestas masivas que demandaban elecciones directas inmediatas (Diretas já!) para elegir un nuevo presidente.

En enero de 1985, Tancredo de Almeida Neves fue elegido presidente por un Colegio Electoral, hecho muy significativo por tratarse del primer
presidente elegido en 21 años, representante además de una coalición opositora. Sin embargo, el 14 de marzo de 1985, en la noche de la
inauguración de su mandato, Neves debió ser internado de urgencia a causa de una enfermedad que arrastraba hacía varios meses. Nunca se
recuperó y el Vicepresidente José Sarney fue quien asumió la presidencia.
Cuando Neves murió cinco semanas más tarde, José Sarney juró como presidente y prometió mantener el curso propuesto por su antecesor.

Su prioridad fue la de llamar a elecciones generales para reunir una Asamblea Nacional Constituyente que redactara la nueva Constitución.
Nunca en la historia de Brasil se había observado antes tan alto grado de participación popular en el proyecto de una ley. Luego de
18 meses de deliberaciones, la nueva constitución fue promulgada el 15 de octubre de 1988.

En la primera elección presidencial directa desde 1960, Fernando Collor de Melo -un empresario oriundo del Estado nordestino de Alagoas,
fue elegido presidente en una rápida votación en diciembre de 1989. Pero poco tiempo después de iniciado su mandato, el Congreso le
abrió una amplia investigación ante las acusaciones de corrupción en su gobierno.

Luego de un proceso parlamentario que tuvo en vilo al país, el Congreso inició un proceso democrático de juicio político (impeachment).
Itamar Franco, quien había sido Vicepresidente de Collor, lo reemplazó y juró como presidente el 29 de diciembre de 1992 para concluir con los
dos años pendientes del período de cinco que correspondían al mandato de Collor. El juzgamiento de Collor marcó el inicio de un nuevo capítulo
en la historia política de Brasil.

La presidencia de Franco se destacó por su fuerte combate a la inflación, que había sido estimulada durante la incertidumbre política que había
generado la destitución de Collor de Melo. El principal artífice fue su Ministro de Finanzas, el sociólogo y ex senador por el Estado de São Paulo,
Fernando Henrique Cardoso. Tras el éxito de su plan anti-inflacionario, Cardoso se lanzó como candidato a la presidencia.
El 3 de octubre de 1994 los votantes le dieron 78 millones de votos a favor, con lo cual el ex Ministro de Finanzas obtuvo la mayoría absoluta
necesaria para ganar la presidencia en la primera ronda. Asumió el 1º de enero de 1995, por un período de cuatro años, durante el cual se
consolidó una sostenida baja en la tasa de inflación, abriendo el camino para el crecimiento sustancial de la economía, como así también
implementó acciones firmes de gobierno para la reforma social. Cardoso fue elegido el 4 de octubre de 1998 para un segundo período
presidencial, que finaliza en el año 2002.

 SU POBLACIÓN

Según el censo poblacional realizado en 2000, Brasil cuenta con 169.544.443 habitantes. La población brasileña es predominantemente
joven ya que el 60% de sus habitantes están por debajo de los 29 años de edad.
Si se considera su alta tasa de crecimiento de población durante principios y mediados del siglo XX, Brasil ha sufrido una dramática
transformación demográfica desde los años '60. Esta tendencia se debe en gran medida al masivo proceso de urbanización y a la
modernización económica. A comienzos del siglo pasado, por ejemplo, se proyectaba una tasa de fertilidad de 2,1 nacimientos por mujer,
que resultó drásticamente inferior a la tasa de 6,3 nacimientos que se registró en 1960. Sin embargo, la tasa de crecimiento demográfico de
3% en los años '60 se redujo a 1,4% en el período 1990-1996 y, en 2000, estaba en 1,3%.

Distribución de la población

A pesar de que Brasil es el quinto país con mayor población del mundo, su densidad demográfica es baja comparada con otros países. La población
está concentrada a lo largo de la costa atlántica de los estados del sudeste y del nordeste del país, mientras otras áreas están casi despobladas.
La actividad industrial está concentrada en la región sudeste, con el 50% de su producción situada en el Estado de São Paulo. Las migraciones
desde el nordeste hacia el sudeste, así como desde áreas rurales hacia las urbanas, han sido incesantes desde 1970. Más recientemente,
el flujo de población se ha dirigido hacia regiones menos habitadas del centro-oeste y del norte del país.

Las cinco regiones de Brasil

Región Norte:

Está conformada por los Estados de Amazonas, Pará, Acre, Rondônia, Roraima, Amapá y Tocantins.

Esta región ocupa principalmente la cuenca del Amazonas y está cubierta en gran parte por exuberantes selvas tropicales. El río Amazonas
atraviesa la región de oeste a este hasta desembocar en el Océano Atlántico y existe una gran cantidad de ríos en la zona. En volumen, esta región
cuenta con la mayor concentración de agua dulce del mundo, lo que representa un quinto de la reserva mundial de agua potable. Las dos mayores
ciudades amazónicas son Manaus, capital del Estado de Amazonas, y Belém, capital del Estado de Pará.
Desde su descubrimiento, la cuenca amazónica ha ofrecido a los europeos una visión tentadora de riqueza disponible y abundancia natural. Sin
embargo, hasta mediados del siglo XIX, la región se mantuvo inalterada como reserva económica. Amazonas tuvo gran prosperidad con la
creciente demanda de caucho a fines del siglo XIX, cuando la población creció más de seis veces y el ingreso regional aumentó unas doce veces
entre 1850 y 1910, año en que colapsó el mercado del caucho.
Durante las décadas de 1960 y 1970 hubo un renovado interés en la riqueza mineral de Amazonas y su potencial agrícola. Además, los cambios
en la legislación sobre las concesiones mineras y la buena disposición de las empresas estatales para formar empresas conjuntas con
corporaciones extranjeras incrementaron la exploración y explotación. El Gobierno auspició una variedad de esquemas de colonización, todos
bajo la premisa de que los confines despoblados de la selva amazónica son una válvula de escape para absorber a los campesinos de
la denominada zona del Nordeste,
Los incentivos del Gobierno para alentar los asentamientos rurales terminaron siendo una fuente de contaminación ambiental en Amazonas;
la prueba es que los proyectos para el desarrollo y la migración doméstica durante los años 70 y 80 llevaron a la deforestación de 414.400 km.2
en la región. Por ejemplo, los incendios forestales se convirtieron en un tema de interés mundial y el Gobierno brasileño debió promover
diversas políticas para controlar el desarrollo amazónico.
Tras los incidentes, los incentivos fiscales y los créditos oficiales para proyectos ganaderos y agrícolas en la zona fueron suspendidos. La
exportación de madera también se prohibió; desde 1989 el ritmo de la deforestación se redujo drásticamente y dejó el 90% de la región
amazónica intacta. En la actualidad, la selva amazónica es monitoreada por satélite y los esfuerzos de protección ambiental del país
son reforzados por la comunidad internacional a través del Programa Piloto para la Protección de la Selva Tropical Brasileña
auspiciado por la Unión Europea, los EUA y otros doce países.

Región Nordeste:

Está conformada por los Estados de Maranhão, Piauí, Ceará, Río Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Bahía, Alagoas y Sergipe.

Enormes extensiones de esta región -donde vive casi el 30% de la población brasileña-, están sujetas a sequías crónicas. Sin embargo, el área
cuenta con amplio potencial económico, que incluye reservas de petróleo. También el Gobierno Federal ha brindado atención especial a la región
a través de la Superintendencia para el Desarrollo del Nordeste (SUDENE), con lo cual trata de compensar las duras condiciones climáticas que
afectan la economía de la zona. Pernambuco y Bahía, cuyas capitales, Recife y Salvador, fueron los primeros grandes polos de Brasil colonial,
todavía ejercen una fuerte influencia en la cultura brasileña. Mucho de lo que es característicamente brasileño en la música, el folklore,
la cocina y las costumbres sociales, tuvo su origen en esa región.

Región Sudeste:

Está conformada por los Estados de Río de Janeiro, São Paulo, Minas Gerais y Espírito Santo.

Las zonas altamente industrializadas que rodean las ciudades de São Paulo (donde vive el 54,46% de los asalariados del país), Rio de Janeiro y
Belo Horizonte conforman el eje económico de Brasil y concentran la mayor parte de su población. El área es rica en minerales y su agricultura es
la más avanzada del país; produce café, soja y granos para la exportación, así como una variedad de comestibles frescos y procesados.

Región Sur:

Está conformada por los Estados de Paraná, Santa Catarina y Río Grande do Sul.

Esta región también se encuentra sumamente desarrollada y mantiene un equilibrio entre los sectores rurales e industriales. Hacia el sur,
la meseta se convierte en amplias planicies llamadas pampas donde las actividades tradicionales de pastoreo son realizadas por los gaúchos,
campesinos similares a los gauchos rioplatenses. En el oeste, situadas en la frontera entre Brasil y Argentina, se encuentran las Cataratas
del Iguazú, una de las más hermosas maravillas naturales del mundo. A menos de 20 kilómetros de distancia, sobre el río Paraná que separa
a Brasil del Paraguay, se encuentra Itaipú, la mayor represa hidroeléctrica del mundo. La principal ciudad de esa
región es Porto Alegre, capital del Estado de Rio Grande do Sul.

Región Centro-Oeste:

Está conformada por los Estados de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Goiás y el Distrito Federal.

Esta región, cubierta de sabanas extensas y praderas tropicales, aún está escasamente poblada. Aunque durante décadas fue la más aislada
del país, la región ha experimentado una rápida expansión de su producción rural y se han establecido nuevas industrias. La capital del país
Brasília, fue fundada en 1960 y también está ubicada en la región. El Gobierno Federal ha destinado amplias áreas de la región Centro-Oeste
como reserva para las tribus de indígenas nativos que originalmente las habitaban. También en esa zona se encuentra el Pantanal de
Mato Grosso paraíso de la vida salvaje, que concita gran interés entre los estudiosos de la naturaleza de todo el mundo.

Principales Ciudades

Brasília
Desde la segunda mitad del siglo XVIII, las autoridades de Brasil consideraron la posibilidad de trasladar la sede administrativa del Gobierno de
Rio de Janeiro hacia alguna zona del interior, que estuviera a salvo de ataques navales. La primera Constitución Republicana (1891) llegó incluso
a definir dónde estaría el futuro Distrito Federal -un rectángulo dentro del Estado de Goiás, en el corazón del país-, pero no fue sino en 1956, luego
de ocho años de investigaciones, cuando comenzó el diseño y la construcción de la nueva capital, durante la presidencia de Juscelino Kubitschek.

El sitio elegido para Brasília está ubicado en el Distrito Federal de 5.814 kilómetros cuadrados sobre una meseta escasamente poblada del
Estado de Goiás, a 1.100 metros sobre el nivel del mar y a 1.200 kilómetros de Rio de Janeiro.

El plan urbano maestro fue concebido por el arquitecto brasileño Lúcio Costa, y los principales edificios de gobierno fueron diseñados por
el arquitecto Oscar Niemeyer. El paisajista Roberto Burle Marx planificó el diseño y la selección de variedades de plantas para agregarle un
vívido telón verde al paisaje seco y amarillo de la sabana. El 21 de abril de 1960, Brasília fue inaugurada oficialmente y comenzó a funcionar
como nueva capital de Brasil; en la actualidad sigue siendo considerada como uno de los grandes desarrollos arquitectónicos del siglo XX.

São Paulo

São Paulo fue fundada por los jesuitas en 1554, en una meseta de 760 metros sobre el nivel del mar y a solo 72 kilómetros de la costa, como un
centro misionero para los primeros colonos e indígenas que allí habitaban. Durante siglos siguió siendo un poblado pequeño hasta que, alrededor
de 1850, comenzó a crecer y enriquecerse gracias a las muy productivas plantaciones de café que proliferaban en su territorio. Más tarde, los
ingresos generados por las exportaciones de café y el crecimiento de la población proveyeron de capital y mano de obra para el establecimiento
de una base industrial. En la actualidad, existen en São Paulo unas 371.569 empresas que cubren todas las áreas productivas imaginables.

Rio de Janeiro

Con la inauguración de Brasília, Rio de Janeiro dejó de ser la capital de Brasil; a pesar del tiempo transcurrido, los brasileños aún discuten si la
hermosa Rio mejoró o se vio afectada con la mudanza. De todos modos, la segunda ciudad más grande de Brasil continúa siendo un importante
centro cultural y, en cierta medida, también su capital simbólica. Rio de Janeiro tiene una belleza majestuosa, con zonas edificadas anidadas
entre magníficas bahías y playas deslumbrantes, y una cadena montañosa que se eleva cubierta de exuberante bosque tropical. Este paisaje único
hace de Rio una de las ciudades más hermosas del mundo, justificando su título de la "ciudad maravillosa" (como comúnmente se la denomina
en Brasil). La vida cultural de Rio es intensa y variada. Económicamente es un núcleo de la industria de servicios, un centro financiero clave,
y productor de comestibles, materiales para la construcción, equipos eléctricos, sustancias químicas, fármacos, bebidas y textiles. Pero es
en las actividades recreativas en lo que más se destaca. Con sus playas mundialmente famosas, de libre acceso, tales como Copacabana e
Ipanema, su espléndida bahía y su clima, Rio de Janeiro es una ciudad que vive al sol y para el sol.

Salvador

Capital del Estado de Bahía, Salvador fue el primer puerto más importante y la capital del Brasil colonial por casi dos siglos. La ciudad se
extiende entre verdes montes tropicales y amplias playas a lo largo de la Bahía de Todos os Santos. Fue construida en dos niveles, con edificios
administrativos y residencias sobre las colinas y fuertes, muelles y depósitos sobre la playa. La ciudad está dividida en la ciudad alta y la ciudad baja.
Desde 1500 hasta 1815, Salvador fue el puerto de mayor movimiento del país. Una parte importante de la producción de azúcar producido en el
nordeste así como el oro y los diamantes de las minas del sur pasaron por el puerto de Salvador. Fue una época de prosperidad para la ciudad:
se construyeron casas magníficas e iglesias resplandecientes decoradas con oro. Por esa razón, muchas de las iglesias barrocas de la ciudad,
residencias particulares, plazas e incluso pavimentos de adoquines cortados a mano, han sido preservados como parte del patrimonio histórico
de Brasil. En Salvador, más que en cualquier otro lugar del país, la influencia cultural africana en la conformación de la cultura brasileña es evidente.
En el Estado de Bahía el 70% de la población es de raza negra, es decir, diez de sus trece millones de habitantes. Esa composición racial ha dado una
fuerte impronta cultural a la región, una de las más visitadas por el turismo local y extranjero. Desde los platos que conservan sus nombres
africanos (caruru, vatapá y acarajé), las ceremonias del candomblé afro-brasileñas hasta las escuelas de capoeira donde se enseña una
forma de lucha ritual africana única, la presencia de África es una constante.

Belo Horizonte

Belo Horizonte, la primera ciudad moderna de Brasil concebida en la mesa de un arquitecto, fue diseñada especialmente para que ejerciera su
rol de capital del Estado de Minas Gerais. Sus amplias avenidas arboladas y sus planificados suburbios residenciales, sin embargo, han sufrido el
impacto de la alta tasa de urbanización del país. Belo Horizonte es centro de distribución y procesamiento de una rica región agrícola y minera,
además de ser núcleo de un complejo industrial floreciente. La industria minera se destaca en la fabricación de acero y sus derivados, además
de automóviles y textiles. Oro, manganeso y piedras preciosas de las regiones aledañas también son procesados en la ciudad. Belo Horizonte es
además un centro cultural de liderazgo con tres universidades, un museo histórico, numerosas bibliotecas y estadios deportivos,
actividades favorecidas por un clima fresco y agradable.

Curitiba

Curitiba, situada a 914 metros sobre el nivel del mar sobre la meseta de Serra do Mar, es la capital del progresista Estado de Paraná. Desde fines
del 1800, el clima envolvente de Curitiba y su ubicación pintoresca han atraído inmigrantes de origen eslavo, germano e italiano. Curitiba creció
rápidamente después de 1950 y es reconocida por haberse convertido en una gran ciudad sin perder su cómodo estilo de vida. En la última década,
Curitiba marcó estándares internacionales no solo por sus prudentes políticas ambientales, sino también por la forma entusiasta en que sus
ciudadanos se adhieren a ellas y las defienden. La ciudad obtiene su prosperidad económica de su papel como centro comercial y de
procesamiento de las áreas agropecuarias del interior, así como también por sus diversas manufacturas industriales.

Recife

Recife fue construida como ciudad-puerto sobre playas tropicales de arenas blancas e hileras de palmeras y es la capital del Estado nordestino
de Pernambuco. Recife es un área urbana de rápido crecimiento que ha sido llamada la Venecia de Brasil, debido a que se encuentra dividida
por numerosos canales de agua y conectada por muchos puentes. La ciudad recibió su nombre por los arrecifes de coral que se alinean en sus
costas. Los pescadores locales salen al mar en jangada -balsas de troncos toscos con hermosas velas únicas en la zona-, que requieren
habilidades de experto en navegación para maniobrarlas y se han convertido en la postal más característica de sus playas. Recife
exporta grandes cantidades de productos, entre ellos, azúcar, algodón y café.

Porto Alegre

Porto Alegre, la ciudad más grande en el sur de Brasil, es la capital del Estado de Rio Grande do Sul, y fue fundada en 1742 por inmigrantes de
las Islas Azores. Desde el siglo XIX, la ciudad ha recibido numerosas migraciones de colonos alemanes e italianos. Situada en la confluencia de
cinco ríos, se ha convertido en un importante puerto, así como en uno de los principales centros de industria y comercio de Brasil y el Mercosur
(la unión aduanera conformada por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay desde 1991). Productos del rico interior agrícola-ganadero,
tales como cuero, carnes y arroz, se exportan desde esta ciudad.

Razas

Tres son los componentes raciales básicos de la población brasileña. A los indios autóctonos se les sumaron sucesivas oleadas de
inmigración europea (principalmente portugueses) y africana (la mayoría de la costa oeste sub-sahariana).
En el siglo XVI, la región que hoy constituye Brasil estaba habitada por varios cientos de tribus indígenas quienes, aunque racialmente similares,
hablaban diferentes idiomas y tenían culturas distintas. Los grupos que hablaban el tupí y el guaraní vivían sobre la costa y en las adyacencias
hacia el interior y establecieron uniones interraciales con los colonos portugueses. Muchas tribus que hablaban otros idiomas (gê, arwak y karib),
por otro lado, vivían en el interior y les llevó más tiempo establecer contacto con los extranjeros. Hoy, el número de indígenas nativos de Brasil
es de aproximadamente 250.000, divididos en unas 200 tribus y con 180 idiomas diferentes. La mayoría de ellos vive en amplias reservas delimitadas
por el Gobierno Federal, que abarcan 850.000 kilómetros cuadrados y suman el 10% del total del territorio brasileño. En estas áreas preservan
libremente sus formas de vida. También a mediados del siglo XVI, africanos pertenecientes a la tribu bantú y a grupos étnicos de Sudán (una
gran proporción provenientes de la nación Yoruba, actualmente Nigeria y Benin), fueron traídos a Brasil para trabajar como esclavos en
plantaciones de caña de azúcar y, más tarde, en las minas de oro y diamantes y en plantaciones de café. El proceso de integración que se
había iniciado entre los europeos y los indígenas pronto se expandió para incluir a los africanos y sus descendientes.
Esta mezcla racial continuó mientras Brasil comenzó a recibir, a fines del siglo XIX, un creciente número de inmigrantes de Europa, Medio Oriente
y Asia. Portugal siguió siendo la fuente principal de migración a Brasil, con Italia en segundo lugar, seguida por el Líbano. En la primera mitad
del siglo XX, como consecuencia de la guerra o de presiones económicas, un número considerable de inmigrantes llegó al Brasil desde zonas
del oeste, centro y este de Europa. A ellos se sumó en 1908 un considerable contingente de 640 inmigrantes del Japón, que inició una oleada
migratoria japonesa. De hecho, en 1969 ingresaron a Brasil 247.312 japoneses y en la actualidad, los brasileños de ascendencia japonesa
son la mayor colonia de ese origen que existe en el mundo.

Idioma

El portugués es el idioma oficial de Brasil. A excepción de los idiomas hablados por las tribus indígenas que viven en reservas alejadas, es el
único idioma en la vida cotidiana. No existen dialectos regionales y Brasil es el único país de América del Sur de lengua portuguesa. Este hecho
genera especiales vinculaciones político-culturales con los otros países y territorios donde se la habla: Portugal, Guinea Bissau, Angola,
Mozambique, Santo Tomé, Príncipe, Cabo Verde, Timor Este, Macao (en China) y Goa (en la India).

Religión

La Constitución Brasileña garantiza absoluta libertad de religión. Con la proclamación de la República en 1889, Brasil dejó de tener una religión
oficial, aunque en 1997 cerca del 70% de la población declaró ser católica. Sin embargo, en los últimos años, los evangélicos han aumentado.
Existen, entre estos, miembros de iglesias pente costales independientes y seguidores de diversas ramas del protestantismo proveniente de
Europa y EUA como los episcopales, metodistas, luteranos y bautistas. La diversidad religiosa en Brasil incluye espirititistas y minorías de
judíos, musulmanes y budistas. Además, son numerosos los practicantes del candomblé.
El candomblé es una religión basada en tradiciones traídas a Brasil por las poblaciones yorubas de Nigeria y Benin. En la actualidad, muchos
brasileños de diversos grupos sociales y económicos participan al mismo tiempo del catolicismo y del candomblé. Pero en tiempos de la
esclavitud, los terratenientes y oficiales del catolicismo consideraban que los esclavos africanos eran herejes que debían ser convertidos y
prohibieron sus rituales. Mientras los esclavos mantenían sus cultos tradicionales, identificaron a sus deidades animadas con sus
correspondientes personalidades en el catolicismo. Así, Oxalá, el dios de la procreación y la cosecha, fue identificado con Jesús. A su vez,
Iemanjá, la diosa del mar, con Nuestra Señora de la Concepción. Por eso, durante el año, las dos religiones tienen muchas festividades en común.
El candomblé es practicado en todo Brasil. El rito umbanda, derivado de él, asimila las creencias cristianas y
espiritistas del kardecismo y es también ampliamente practicado.

POLÍTICA Y ECONOMIA

Organización Política

La Constitución

La primera Constitución de Brasil como República (1891) estableció un sistema presidencial y tres poderes independientes: el Ejecutivo, el
Legislativo y el Judicial. Esta estructura se mantuvo en las seis constituciones republicanas subsiguientes del país, incluida la actual, que fue
redactada por la Convención Nacional Constituyente elegida en 1984, y promulgada formalmente el 5 de octubre de 1988. En ella aparece una
gran cantidad de conceptos nuevos, que abarcan desde la protección ambiental y el otorgamiento de mayores poderes al cuerpo Legislativo en
su relación con el Ejecutivo, hasta la reelección presidencial inmediata, que antes estaba prohibida. Desde 1992 también se han incorporado
a la Constitución importantes enmiendas relacionadas con cuestiones económicas. Brasil es una república federativa compuesta por 26
Estados (equivalentes a provincias) y un Distrito Federal, que es donde se encuentra Brasília, capital del país. Cada Estado tiene su propio gobierno
con una estructura equivalente a la federal, y goza de todos los poderes -definidos en su propia Constitución estadual- que no están
específicamente reservados al Gobierno Federal ni a los Concejos Municipales. El poder Ejecutivo de cada Estado lo ejerce un Gobernador,
elegido por voto popular directo de acuerdo con la Constitución Federal. El poder Legislativo unicameral lo ejerce la Asamblea Legislativa. El poder
Judicial sigue el lineamiento federal y tiene su jurisdicción definida para evitar cualquier conflicto o superposición con los tribunales federales.
A nivel municipal, existen más de 4.400 Concejos Municipales que son autónomos para tratar asuntos estrictamente locales. Los Cámaras
Municipales actúan de acuerdo con las normas de la Ley Básica de Municipios.

El Poder Legislativo

La legislatura nacional está constituida por el Congreso Nacional, compuesto por dos Cámaras, la de Diputados y el Senado Federal. El
número de miembros por Estado y por el Distrito Federal en la Cámara de Diputados es proporcional al número de su población. Los diputados
se eligen por períodos de cuatro años por medio de elecciones de voto secreto y directo dentro del sistema de sufragio universal (adoptado para
todas las elecciones de cargos públicos). El Senado está compuesto por tres senadores por cada Estado y por el Distrito Federal, elegidos
por un término de ocho años. Renueva parcialmente sus miembros (un tercio y luego dos tercios) en elecciones celebradas cada cuatro años,
que se llevan a cabo al mismo tiempo que las de la Cámara de Diputados. Un diputado o senador puede presentarse para ser reelegido sin
restricciones. En 2001, existían 81 senadores y 513 diputados en ejercicio en el Congreso nacional.

El Poder Ejecutivo

El Ejecutivo, con sus poderes claramente definidos en la Constitución, está encabezado por el Presidente de la República; este y su
Vicepresidente son elegidos por períodos de cuatro años. Una enmienda a la Constitución efectuada en 1997 permitió a ambos ser elegidos
para un segundo mandato consecutivo.
El Presidente designa a los ministros del gabinete, que son directamente responsables ante él, y a quienes puede remover en cualquier momento.
Un ministro puede ser citado a comparecer ante la Cámara de Diputados, el Senado, o cualquiera de sus Comisiones.

El Poder Judicial

Las facultades de la justicia están conferidas al Supremo Tribunal Federal, al Superior Tribunal de Justicia, a los Tribunales Regionales y a
tribunales específicos para asuntos electorales, laborales, militares y otros. Los Ministros del Supremo Tribunal, así como los Jueces de
todos los Tribunales, tanto a nivel federal como estadual(provincial), son designado sen forma vitalicia. El Supremo Tribunal Federal es la máxima
autoridad del sistema judicial. Tiene su asiento en el Distrito Federal -Brasília-, pero su jurisdicción se extiende a todo el país y está compuesto por
once ministros designados por el Presidente de la República, con la previa aprobación del Senado, sobre la base de las trayectorias y
antecedentes en el medio judicial.

El sistema electoral

El sufragio es universal y obligatorio para todos los ciudadanos alfabetizados de 18 a 70 años de edad. El voto es optativo para los ciudadanos
de 16 y 17 años, para los mayores de 70 y para los analfabetos de cualquier edad.
Los candidatos deben pertenecer a un partido político. El registro de los partidos políticos debe efectuarse ante el Tribunal Superior Electoral,
luego de cumplir con los requisitos mínimos indispensables establecidos por la legislación. En una elección presidencial o para gobernador, el
candidato debe contar con la mayoría absoluta para ganar las elecciones. Si ningún candidato la obtiene, los dos primeros con mayor número
de votos compiten en una segunda vuelta, en elecciones inmediatas que se llevan a cabo a los 20 días después de las primeras

Economía

Perspectiva histórica

La historia económica de Brasil está marcada por una sucesión de ciclos, todos ellos basados en la explotación de un solo artículo de exportación:
madera pau brasil, en los primeros años de colonización; caña de azúcar, en los siglos XVI y XVII; metales preciosos (oro y plata) y piedras
preciosas (diamantes y esmeraldas), en el siglo XVIII; y, finalmente, después de una serie de expediciones hacia el interior del país, el café,
en el siglo XIX y principios del XX. La mano de obra esclava se utilizaba en la producción, una costumbre que se mantuvo hasta el último cuarto del
siglo XIX. Paralelamente a estos ciclos, la agricultura y la cría de ganado se desarrollaron en menor escala para consumo local. Pequeñas fábricas,
básicamente textiles, comenzaron a surgir a mediados del siglo XIX. Durante el gobierno del Emperador Pedro II se introdujeron nuevas tecnologías,
la base industrial creció y se adoptaron modernas prácticas financieras. Con el colapso de la economía basada en la mano de obra esclava
(era más barato pagar salarios a los nuevos inmigrantes que mantener esclavos), la abolición de la esclavitud en 1888, y el reemplazo de la
monarquía por el régimen republicano en 1889, la economía de Brasil sufrió severos trastornos. Los esfuerzos de los primeros gobiernos
republicanos para estabilizar el sistema financiero habían logrado apenas algún resultado cuando los efectos mundiales de la depresión
de 1929 forzaron al país a realizar nuevos ajustes.
Una oleada inicial de industrialización ocurrió durante los años de la Primera Guerra Mundial, pero solo después de los años 30 alcanzó Brasil
un nivel de desarrollo económico considerable. En la década del 40 se construyó la primera acería en el Estado de Río de Janeiro, en
Volta Redonda, con financiamiento del Eximbank de los EUA.
El proceso de industrialización de 1950 a 1970 llevó a la expansión de importantes sectores de la economía como la industria automotriz,
la petroquímica y el acero, así como el inicio y concreción de grandes proyectos de infraestructura. En las décadas posteriores a la
Segunda Guerra Mundial, la tasa de crecimiento anual del Producto Bruto Nacional (PBN) estaba entre los más altos del mundo, con un promedio del
7,4%, hasta 1974. Durante los años 70, Brasil, como muchos otros países de América Latina, absorbió excesiva liquidez de los bancos de EUA, Europa
y Japón. Enormes entradas de capitales fueron destinadas a inversiones de infraestructura y se formaron empresas estatales en áreas que no
resultaban atractivas para la inversión privada. Los resultados de este ingreso de divisas fueron impresionantes: el Producto Bruto Interno (PBI)
aumentó a una tasa del 8,5% anual de 1970 a 1980, a pesar de la crisis mundial del petróleo de los 70. El ingreso per cápita se cuadruplicó
durante la década, al nivel de los 2.200 dólares en 1980.
A principios de los años 80, sin embargo, un imprevisto aumento en las tasas de interés de la economía mundial junto con la baja en los precios
de los productos, precipitaron a Latinoamérica hacia una crisis de endeudamiento. Brasil se vio forzado a aplicar estrictos ajustes económicos
que provocaron tasas de crecimiento negativas y la suspensión del ingreso de capitales redujo la capacidad de inversión del país. El peso de
la deuda afectó las finanzas públicas y contribuyó al aumento de la inflación. En 1987, el gobierno brasileño suspendió los pagos de los
intereses de su deuda externa comercial.
La crisis de los 80 señaló el agotamiento del modelo brasileño de sustitución de importaciones (que consistía en favorecer a la industria local y
prohibía la importación de productos manufacturados) y contribuyó a la apertura de la economía del país. A comienzos de los 90, las políticas
económicas de Brasil estaban centradas en su estabilidad, la apertura de la economía al comercio internacional y a la inversión extranjera, y la normalización
de las relaciones con la comunidad financiera mundial. Estos dos últimos objetivos fueron rápidamente alcanzados: los aranceles
de importación se redujeron (el promedio ahora es del 12%), y las restricciones en las cantidades se limitan a las salvaguardias autorizadas
por la Organización Mundial de Comercio (OMC), razón por la cual tales restricciones tienden a ser decrecientes en el largo plazo.
En 1992, Brasil llegó a un acuerdo con los acreedores públicos y privados para reprogramar los pagos de su deuda externa, intercambiando
deuda pendiente por nuevos bonos. Esta reprogramación marcó el regreso de Brasil a los mercados financieros internacionales. El punto crucial
en el proceso de estabilización llegó con el lanzamiento del Plan Real (Plano Real), en junio de 1994, bautizado así por el lanzamiento de su
nueva moneda oficial,el real.
Dicho plan tuvo como objetivos principales: 1) mantener la inflación bajo control, 2) obtener una reducción firme y sustancial de las
desigualdades sociales y 3) alcanzar un crecimiento sostenido a largo plazo del PBI, de las inversiones, el empleo y la productividad. En 1998,
el aumento de los precios fue el más bajo en cuatro décadas, alrededor de un 2%, en contraste con el 2.100% que existía antes del lanzamiento
del Plan. Debido a que la inflación constituye una forma de impuesto sobre la población más pobre, la mayor estabilidad de precios
representó una redistribución significativa de los ingresos a favor de los más necesitados.
En el período entre 1994 y 1997, el crecimiento acumulado del PBI había sido de 17%, un promedio del 4% por año, mientras que el crecimiento
del ingreso per cápita fue de un 2,6%. El aumento de la productividad industrial promedió el 7% anual en los 90, lo cual ha sido muy importante
para asegurar el crecimiento sostenido en el futuro. Desde la implementación del Plan Real, el flujo neto de inversiones directas del exterior se
multiplicó diez veces, de 2.200 millones de dólares en 1994 a más de 22.000 millones en 1998. En 2000, las inversiones extranjeras directas
en el país registraron una cifra récord de 30.600 millones de dólares; y en el 2001 pese a la desaceleración de la economía mundial, alcanzó
25.000 millones de dólares, con una expansión del PBI de 1,5%.
A comienzos del siglo XXI, la economía brasileña se muestra dinámica y diversificada. En 1998, la industria era responsable del 36% de la
producción económica; la agricultura, de un 14%; y los servicios sumaban el 50%. El resultado de las exportaciones, entre otras áreas,
refleja el dinamismo de la economía del país. Desde 1992 a 2000, las exportaciones brasileñas se incrementaron de unos 35.700 millones
de dólares a 55.000 millones; casi 75% de estas exportaciones son productos manufacturados y semifacturados. En 2001, la Unión Europea
absorbía el 26% de las exportaciones, los EUA el 24,2%, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) el 11,3%, Asia el 12%, América Latina
(extra MERCOSUR) el 9,8%, y el resto de las exportaciones estaban distribuidas entre una variedad de mercados más pequeños.
En la actualidad, la economía brasileña consigue mantener la inflación bajo control (10,4%, en 2001). El Estado también se consolidó en su rol de
regulador, deshaciéndose en gran parte de su papel de propietario de empresas, y se ha dedicado a promover activamente al país como
destino de inversiones extranjeras. El dinamismo de la economía, asociado a las políticas públicas en el campo social en los últimos años,
permitió que entre 1990 y 2000 unos 9 millones de personas sobrepasaran la línea de pobreza. Por su parte, la población por debajo de la línea
de indigencia disminuyó 7 millones en el mismo período. La proporción media de pobres bajó del 42% de la población total, en el período
1990-94, al 33%, en el período 1995-2000.
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) -según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)-, aumentó de 0,710 en
1990 a 0,734 en 1995 y alcanzó a 0,750 en 1999. En el período 1990-1995, el IDH subió 0,024 puntos, mientras que entre 1995 y 2000 subió
0,016 puntos, por lo que el crecimiento fue menor que en el período anterior.

Mercosur

El 26 de marzo de 1991, se creó el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), cuando Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay firmaron el
Tratado de Asunción. Este pacto de comercio se hizo efectivo como una unión de aduanas, aún imperfecta, y zona de libre comercio,
el 1º de enero de 1995. El propósito del MERCOSUR es permitir el libre flujo de bienes, servicios, capital y trabajo entre los cuatro países.
Desde 1991, el comercio entre los países miembros de ese mercado ampliado se multiplicó; en 2001 el comercio de Brasil con el
MERCOSUR sumaba 15.500 millones de dólares anuales, contra solo 3.600 millones contabilizados en 1990.
Para ilustrar la importancia de la relación comercial entre Argentina y Brasil basta saber que el 30% de las exportaciones argentinas son
compradas por Brasil, un porcentaje que llega al 90% cuando se habla de las exportaciones de autos. Entre 1991 y 1998, las exportaciones
argentinas hacia Brasil aumentaron 400%, si bien en el mismo período las exportaciones totales de la Argentina crecieron solo 122%. Otro
dato interesante es que entre 1995 y 2000, la Argentina acumuló superávit comerciales consecutivos con el Brasil (US$ 5.400 millones),
contra déficit ininterrumpidos con los EUA (US$ 17.000 millones) y la Unión Europea (US$ 15.000 millones). Incluso en 1999, año de gran
reducción del flujo de comercio y cuando se temió una invasión de productos brasileños por la devaluación del real, la Argentina tuvo un saldo
comercial favorable de US$ 448 millones con Brasil. En 2000, ese saldo saltó a US$ 610 millones; y en el 2001 a US$ 1.205 millones.
El MERCOSUR está involucrado en diversas negociaciones de integración económico-comercial multilateral, hemisféricas, interregionales, y
regionales tales como el ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas), con la Unión Europea, la Comunidad Andina de Naciones, México
y Sudáfrica, además de haber firmado acuerdos comerciales con Chile y Bolivia y estar iniciando conversaciones en el marco del llamado
acuerdo 4+1 con los EUA. El Mercosur no pretende cerrarse en sí mismo o aislarse del mundo, sino que es la plataforma desde la
cual sus miembros buscan mejorar sus posibilidades de inserción en la economía global.

Panorama estadístico

Durante los últimos cincuenta años, la distribución de la población brasileña por grupos de edades se ha modificado. La fracción por debajo
de los 14 años ha disminuido del 43 al 31%, mientras que el sector de más de 60 años se ha incrementado del 4 al 7,3%. La expectativa de vida
al momento de nacimiento ha aumentado de 46 años en 1950 a 67 años en la actualidad.
La tasa de alfabetización era del 50% en 1950 y, actualmente, es del 84%. La población económicamente activa sumaba un total estimado en
76,8 millones de personas en 1998. En conjunto, la fuerza trabajadora se expandió a una tasa anual promedio del 3,2% durante los años 80 y
del 1,6% en la primera mitad de los 90. Hoy en día, la población económicamente activa está aumentando a una tasa casi equivalente a la
tasa de crecimiento de población, y las mujeres constituyen el 40,67% del total de la fuerza de trabajo de Brasil, lo que supera el 28% que
representaban en 1980. El sistema básico de servicios públicos ha mejorado sustancialmente en los últimos 25 años. En 1998, el 73% de los
hogares tenía algún tipo de servicio de red cloacal; el 96% contaba con agua potable, el 32% tenía una línea de teléfono fijo y el 88% estaba
conectado al sistema de energía eléctrica. Hay un automóvil por cada diez brasileños. La producción y la venta de artículos para el hogar y
electrónicos se incrementó de manera significativa entre 1994 y 1996, con un promedio de aumento del 20% por año. En 1996, las ventas
crecieron unos 18% comparadas con las de 1993. Estos extraordinarios resultados se atribuyen a un mayor ingreso disponible y a las
amplias facilidades de crédito para los consumidores que se generaron luego del Plan Real, durante el cual por primera vez las familias
de bajos ingresos se convirtieron en consumidores de televisores y artefactos eléctricos. En 1997, sin embargo, el ciclo de crecimiento
en el sector de electrodomésticos había terminado y se estima que la industria va a expandirse más lentamente en los próximos años.
A comienzos del siglo XXI, Brasil está entre las diez mayores economías del mundo.

La agricultura

Desde los primeros años de la era colonial, la agricultura ha sido la plataforma central de la economía de Brasil; tal ha sido su importancia,
que el producto de sus cultivos constituyó la primera conexión entre el país y la economía mundial. La economía agraria estaba basada
en grandes extensiones de tierras dedicadas a un solo tipo de cultivo que dependía de la mano de obra esclava para su producción y se
dedicaba a la exportación. Ya en un comienzo con la caña de azúcar en el siglo XVI, las tendencias económicas del país han sido influidas por
una serie de ciclos agrícolas de gran prosperidad que concluyeron estrepitosamente. Ese fue el caso de productos como el azúcar, el algodón,
el cacao, el caucho y el café. Aun así, durante la década del 70 hubo un incremento general en la cantidad de productos agrícolas
exportados. La producción de soja superó la de los productos agrícolas tradicionales como el café, el cacao y el azúcar, y tanto el volumen
como el valor y la variedad de los productos agrícolas semi-procesados y manufacturados aumentó sustancialmente. Esta evolución se
debió en gran medida a los incentivos del gobierno para favorecer la exportación de bienes procesados por sobre la de materias primas sin
valor agregado. La agricultura en los años 80 continuó jugando un papel significativo en la economía del país, ya que por medio de incentivos
fiscales y facilidades de crédito especiales, el gobierno federal promovió fuertemente una mayor eficiencia de los sectores rurales. Más aún,
se hicieron esfuerzos para evitar el traslado de personas desde las áreas rurales hacia las urbanas al concederles beneficios sociales;
establecer esquemas racionales de reforma agraria; estimular a los poseedores de pequeños terrenos improductivos y, en general, al mejorar
la calidad de vida en las zonas alejadas de los centros urbanos. Gracias a esa política, entre 1980 y 1993 la producción rural creció entre el
3,4 y el 4% anual. A principios del siglo XXI, Brasil continúa siendo el mayor productor mundial de café (3,6 millones de toneladas en
grano -un tercio de la producción global-) y de azúcar obtenido de caña de azúcar (347,5 millones de toneladas); segundo entre los productores
de soja 37,7 millones de toneladas); tercer productor de maíz (41,5 millones de toneladas); y cuarto en la producción de cacao
(186.000 toneladas en grano). Los numerosos programas implementados en las dos últimas décadas para promover la diversificación de
los cultivos han logrado resultados impresionantes; la producción de granos ha crecido constantemente, e incluye trigo, arroz, maíz y
principalmente soja. Productos antes de extracción forestal como el caucho -alguna vez el elemento protagonista de las exportaciones
brasileñas-, las nueces de Brasil, las castañas de cajú, las ceras y fibras, provienen ahora en su mayoría de cultivos especializados.
Gracias a su amplia variedad de climas, Brasil produce casi todo tipo de frutas, desde variedades tropicales en el norte (entre ellas diversos
tipos de nueces y paltas), hasta enormes cantidades de cítricos y uvas en las regiones templadas del sur. En 2001, mantenía su lugar como
mayor productor y exportador de naranjas y jugo de naranja del mundo; las plantaciones brasileñas producen el 30% del total mundial que
es de 53,6 millones de toneladas. Durante los últimos veinte años, las naranjas han sido un importante producto de exportación del país,
especialmente en la forma de jugo concentrado.
Brasil también se ubica en segundo lugar entre los países productores de carne bovina (6,6 millones de toneladas), y segundo en ganado
bovino en pie (169.875.524 cabezas). Casi la mayoría del ganado -cerca del 80%- se cría para la obtención de carne, mientras el 20% restante
se dedica a la producción lechera.

El desarrollo industrial

Durante las dos últimas décadas, el desarrollo industrial de Brasil ha sido crucial. Los antecedentes, sin embargo, sufrieron variaciones
constantes. Entre 1947 y 1960, cuando el proceso de sustitución de importaciones estaba en su punto máximo, se alcanzó una tasa de
expansión sobresaliente. Pero después de 1960, el ritmo de la expansión industrial fue haciéndose más lento, en gran medida porque la
infraestructura existente en el país no podía sostener una alta tasa de crecimiento.
De 1964 en adelante, las autoridades federales implementaron un exhaustivo programa para superar esos obstáculos y financiar una expansión
renovada del sector industrial, público y privado. Por eso, en los últimos 25 años Brasil tuvo éxito en diversificar y expandir su producción de
bienes manufacturados y no perecederos. Más aún, se han establecido industrias tecnológicamente sofisticadas en especial en los campos
de las telecomunicaciones, informática, biotecnología y fabricación de aviones. Varios sectores clave -acero, automóviles, petroquímicos,
maquinarias y aviones- han tenido un rol importante tanto en el desarrollo industrial como en la expansión de la economía en general.

El petróleo y los petroquímicos

Hasta 1953, la producción de petróleo crudo en Brasil era de solo 2.000 barriles por día, y su capacidad interna de refinarlo apenas superaba
el doble de esa cifra, lo que obligaba al país a depender casi totalmente de la importación de crudo. Ese año, luego de largos y difíciles debates,
el Congreso promulgó la legislación para crear la compañía petrolera estatal Petrobrás. Habiéndosele concedido derechos exclusivos para la
exploración y la producción de petróleo, Petrobrás pronto comenzó identificando los yacimientos petroleros capaces de convertirse en
empresas auto-sustentables de gran escala; el Congreso también estableció que se les permitía a las empresas privadas participar en las
etapas de refinería y distribución, pero siempre bajo la tutela de la empresa estatal.
En 1995, durante la presidencia de Fernando Henrique Cardoso, el Congreso autorizó una enmienda constitucional que abrió las puertas al
sector privado para que compitiera con Petrobrás en la exploración y explotación petroleras. Más tarde, en 1997, una nueva ley (la Ley del
Petróleo) desmanteló el monopolio de Petrobrás permitiendo a las empresas privadas asociarse con la firma estatal o trabajar independientemente.
La Ley del Petróleo también creó la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) para que actúe como organismo regulador y de fiscalización de la
industria del petróleo y derivados.
Desde 1985, estimulado por la primera gran crisis del petróleo de los años 70, Brasil produjo suficiente cantidad para satisfacer el 55% de
la demanda nacional. Esa proporción siguió creciendo, y en 2001 la producción doméstica anual de 501 barriles abastecía más del 80% de la
demanda de crudo del país. La industria petrolera brasileña es una de las cinco mejores del mundo en exploración de petróleo en alta mar, y
Brasil es el tercer productor de petróleo de América Latina. Igualmente, la industria petroquímica ha experimentado una rápida expansión.
En este momento existen en el país 13 refinerías, capaces de refinar hasta 1.953 millones de barriles de petróleo por día.

La industria del etanol

Para lograr un mejor equilibrio entre el consumo de petróleo en Brasil y su producción de crudo, se realizaron intensivas investigaciones
desde fines de los '60 hasta principios de los 70 destinadas a identificar una alternativa del petróleo, que fuera económicamente viable como
fuente de combustible. El Programa Nacional del Alcohol (PROáLCOOL) creado en 1975, comenzó con la producción del combustible etanol,
anhídrido de caña de azúcar, el cual estaba combinado en un 11% con nafta. En 1979, el programa se extendió para incluir la producción de
alcohol hidratado, el cual se utilizaba puro para alimentar vehículos nuevos o convertidos a ese sistema. El punto más alto se alcanzó en 1986;
ese año el 95% de los automóviles nuevos vendidos eran impulsados por alcohol, y la flota de tales vehículos ascendía a
cuatro millones y medio de unidades.
En la actualidad, solo el 25% de los vehículos que circulan en Brasil funciona con ese combustible; problemas tales como la escasez de la alconafta
(como también se conoce a este sucedáneo de la gasolina) en 1990, y más recientemente el aumento del precio al punto de ser la alconafta más
cara que la nafta común, hicieron que los consumidores no se animaran a seguir comprando vehículos impulsados por alcohol.
En suma, Brasil cuenta con tecnología y equipamiento capaz de mantener una producción anual de 16.000 millones de litros de combustible de
alcohol y de exportar la tecnología para uso como combustible, equipos y servicios. Al reducir el nivel de monóxido de carbono liberado por los
vehículos automotores, el PROáLCOOL contribuye con los esfuerzos que realiza Brasil para la protección del medio ambiente.

La generación de energía

La electricidad de Brasil se genera casi totalmente por fuerza hídrica, a pesar de que una proporción considerable del potencial hidroeléctrico
del país permanece sin explotar. El predominio de la hidroelectricidad se explica por la existencia de ríos de gran volumen y por las reservas
relativamente pequeñas de carbón y petróleo. El sistema nacional de energía está compuesto por dos redes interconectadas: una para el norte y
noroeste y la otra para el sur, el sudeste y el centro-oeste. El potencial total de hidroenergía es de 259,7 gigawatts, de los cuales solo el 25% es
actualmente explotado o lo será, una vez que se concluyan las obras de las plantas que actualmente están en construcción.
Ya en 1996, el 92% de toda la generación de energía eléctrica era hidroeléctrica y la restante, térmica y geotérmica. En 2001, sin embargo, el
gobierno debió revisar ese modelo, ya que este entró en crisis y llevó a Brasil a ser muy vulnerable ante la falta de lluvias; ese año, las autoridades
debieron lanzar un rígido programa nacional de ahorro de energía para bajar el consumo, mientras instrumentaba millonarios planes de
diversificación de las fuentes energéticas en todo el país.

Los vehículos automotores

El renovado dinamismo y la modernización de la industria automotriz brasileña son ampliamente atribuidos a la liberalización del comercio que
se inició en 1990 y al comienzo del Plan Real en julio de 1994. A ese paso, en 1997 Brasil pasó del décimo lugar al octavo como productor
mundial de vehículos. Ese mismo año, Brasil marcó un récord y produjo más de dos millones de vehículos, por lo que recibió casi 5.000 millones
de dólares por exportaciones. Brasil es el mayor fabricante de autos de Sudamérica, y esa industria representa casi el 10% del total de sus
exportaciones anuales. Sin embargo, en 2000 la producción de autos se estabilizó en 1,6 millones de unidades, aunque las exportaciones
aumentaron en proporción: en el 2001, la industria automotriz brasileña exportó 2,6% más que en el mismo período de 2000.
En 1997, casi el 64% de los vehículos exportados fueron a países del MERCOSUR; recibió la Argentina el 75% de las exportaciones
brasileñas a este mercado ampliado. Esa proporción se modificó con la desaceleración de la economía argentina de fines de los ´90; a partir
de 1999, otros mercados empezaron a rivalizar con la Argentina como importadores masivos de autos brasileños.

La industria aeronáutica

En 1899, cuatro años antes de que Wilbur y Orville Wright volaran en una máquina más pesada que el aire en Kitty Hawk, Carolina del Norte,
EUA, el brasileño Alberto Santos Dumont piloteó un dirigible que salió del campo del Aero Club de Francia, circunvoló la Torre Eiffel, y regresó a
su base en 29 minutos y medio. Fue un viaje de 11 kilómetros. En 1906, ante testigos oficiales y gran cantidad de público en París,
Santos Dumont ganó el Premio Copa Archdeacon por volar 250 metros en una máquina auto-propulsada más pesada que el aire.
A pesar de haber sido un brasileño uno de los pioneros de la aviación, la industria aeronáutica en Brasil recién empezó seriamente hace 20 años.
Hoy, el éxito de los aviones totalmente diseñados y fabricados en Brasil por EMBRAER y exportados a países de todos los continentes,
convierte a su industria aeronáutica en una de las más grandes del mundo. La mayor cantidad de aviones vendidos por EMBRAER fue destinada
a clientes de los EUA (más de 500 aviones actualmente en servicio) y de Europa. El Tucano es una aeronave turbopropulsada y utilizada para
entrenamiento militar por la Fuerza Aérea de Brasil y por las de otros doce países, incluyendo Francia y el Reino Unido. La compra de componentes
para EMBRAER genera más de 6000 empleos en EUA, así como puestos de trabajo en España, Bélgica y Chile.

La industria aeroespacial

La industria aeroespacial de Brasil también ha experimentado un crecimiento considerable. La Agencia Espacial Brasileña (AEB) y el Instituto
Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE) impulsaron el Programa Espacial Brasileño que comprende la construcción de satélites y el lanzamiento
de vehículos espaciales, así como la colaboración en amplias áreas con la NASA. El SCD-2 brasileño, un satélite que obtiene información
ambiental y meteorológica de plataformas en Brasil y otros países de América del Sur, fue exitosamente lanzado en octubre de 1998 desde
Cabo Cañaveral. Está en desarrollo el proyecto de lanzamiento del VLS (Vehículo de Lanzamiento de Satélites) brasileño. La industria espacial
del país contribuirá a la Estación Espacial Internacional con hardware -tal como la Ventana de Observación de la Tierra- y con módulos científicos.

Los transportes

Desde los primeros tiempos de la historia colonial, el transporte fue un desafío para Brasil, debido a su gran extensión y a su accidentada topografía.
En los últimos 30 años, este desafío finalmente ha sido enfrentado: se ha adoptado un enfoque sistemático para implementar un sistema nacional
integrado de transporte de superficie vial, ferroviario y fluvial.

Carreteras

Aunque el transporte de carreteras es más caro que el de otras modalidades (sobre todo por las largas distancias en un país tan grande), es
el más usado como un medio veloz para llevar cantidades pequeñas de carga y pasajeros en cortas distancias; a fines de la década de 1990,
más del 65% del total de pasajeros fue transportado por carreteras. Sin embargo, el predominio de esta forma de transporte tiende a ser afectado
por varios factores, tales como el aumento de la eficiencia portuaria, la privatización de los ferrocarriles y las inversiones en vías fluviales.
Las autopistas brasileñas son muy modernas. Prácticamente todas las capitales de los Estados están conectadas por medio de rutas
pavimentadas. São Paulo, Río de Janeiro y otras ciudades importantes cuentan con grandes autopistas metropolitanas. Del 1,6 millones de
kilómetros de caminos del país, cerca del 9% están pavimentados, si bien el gobierno federal tiene jurisdicción solo en el 35% del sistema de
las rutas pavimentadas. Parte de la red federal de autopistas ha sido privatizada y el gobierno planea seguir haciéndolo para facilitar su mantenimiento.

Ferrocarriles

Como método más apropiado para el transporte de cargas no perecederas para largas distancias, el ferrocarril es el segundo medio de
transporte en importancia en Brasil. A fines de la década del ´90, menos del 25% de las cargas del país se transportaron por ferrocarril y solo
el 1% del tránsito de pasajeros. La situación está empezando a cambiar, sin embargo, como resultado de la privatización de la Red Ferroviaria
Federal completa y de la privatización de la compañía de ferrocarriles estatal de São Paulo. La longitud total de la red ferroviaria del país,
incluyendo vías principales y ramales, suma 29.500 kilómetros.

Puertos

Hasta ahora, el extenso litoral de Brasil y las vías navegables en la mayor parte del interior no han sido completamente explotadas para el
transporte fluvial. En 1996, solo el 11,5% de las cargas y una parte insignificante de pasajeros eran transportados por barco. Esa situación ha
cambiado en los últimos cinco años, debido a la inversión pública significativa para la integración del transporte vial, ferroviario y fluvial, para
reforzar la tendencia hacia la forma intermodal. El bajo costo del transporte fluvial aumentará su importancia en los sistemas integrados,
como ya puede observarse en el transporte de vehículos desde la región Norte hacia el Nordeste y de artículos electrónicos desde
Manaus hacia la región Sudeste. Más aún, la integración de la región del MERCOSUR dependerá fuertemente de las vías fluviales del
interior y su enlace con las de Argentina, Uruguay y Paraguay. Brasil cuenta con 46 puertos organizados, 24 de los cuales son puertos
de mar. Entre los puertos de mayor movimiento están Santos, Río de Janeiro y Rio Grande.

Transporte aéreo

Las características físicas de Brasil y los requisitos del rápido crecimiento económico llevaron (a partir de los años 30) al establecimiento
de una amplia red de servicios aéreos. Hoy en día, la disponibilidad de transporte aéreo supera en gran medida la demanda.
En 2000, unas 37 aerolíneas extranjeras volaban a Brasil y 23 compañías locales operaban en el país. De estas últimas, cinco operan en
vuelos domésticos y rutas internacionales con 151 aviones incluyendo 21 aeronaves de carga y 17 operan en rutas regionales con 182 aviones.
Existen 477 compañías de taxi aéreo y 305 operadores especializados que ofrecen servicios tales como de fumigación aérea para campos
de cultivos, y de entrenamiento. De los 62 aeropuertos civiles públicos, 22 son internacionales. Los aeropuertos internacionales de
mayor tráfico son Guarulhos, en São Paulo, y, Tom Jobim en Rio de Janeiro.

EDUCACIÓN Y CULTURA

El Sistema Educativo

El sistema educativo de Brasil comprende las instituciones públicas y privadas que abarcan desde el nivel pre-escolar, primario y
secundario, hasta la universidad y los niveles de posgrado. La educación es obligatoria para niños entre 7 y 14 años y la enseñanza pública
es gratuita para todos los niveles. En cada jornada escolar, el gobierno brinda tres comidas al día a 35 millones de niños de pre-escolar
(de 6 años o menores) y primaria (7 a 14 años) inscriptos en el sistema público; también existen colegios privados sin fines de lucro
que reciben financiamiento del gobierno.
La Constitución de 1988 determinó que no menos del 25% de los impuestos estatales y municipales deben ser destinados a reinversiones en
educación. A ese paso, en los últimos 25 años se lograron avances significativos en la estructura educativa. En 1964, por ejemplo, había
10 millones de estudiantes asistiendo a clases en todos los niveles; treinta años después, en 1994, asistían 42,7 millones de alumnos. Al terminar
la década de 1990, la matrícula total del sistema educativo superaba los 52 millones de personas, y el 96% de los niños brasileños de entre
7 y 14 años estaban matriculados en el sistema. Aún así, y a pesar de este progreso, menos del 40% de la población en edad para cursar
el secundario asiste a clases, y más del 13% de la población brasileña aún es analfabeta. Intentando perfeccionar la calidad de la enseñanza,
en 1998 se implementó el Exame Nacional de Ensino Médio (ENEM), cuyo objetivo es evaluar el desempeño de los alumnos en la secundaria.
El gobierno federal mantiene al menos una universidad federal en cada Estado. Debido a la gran demanda de educación superior y a la falta de
vacantes, las facultades y universidades en Brasil, tanto públicas como privadas, requieren un examen de ingreso llamado vestibular.
Desde 1998, varias de ellas han incorporado los resultados obtenidos por los estudiantes secundarios en el ENEM a los de sus exámenes
vestibulares. Desde 1996, una nueva enmienda permite a profesores y científicos extranjeros optar por un empleo en universidades
brasileñas. A fines de los ´90 existían en Brasil casi mil instituciones que ofrecen cursos de postgrado, entre las que se incluyen
136 universidades. Se encuentran a disposición más de mil cursos de posgrado, la mayoría de los cuales ofrece los beneficios de
facultades altamente competentes, a la par de instituciones similares en los países más desarrollados.

Manifestaciones Culturales

La Literatura

Algunos de los primeros escritores del Período Colonial fueron cronistas de viaje y sacerdotes jesuitas que expresaron una atracción por lo
exótico. En esa etapa, entre los últimos se destaca el Padre José de Anchieta (1534-1597), dedicado a la evangelización de los indígenas.
En el Barroco, sobresale Gregório de Matos (1623-1696), quien compuso poesía lírica y mística, pero es más conocido por su vena satírica,
y el famoso predicador Padre Antônio Vieira (1608-1697), con sus brillantes Sermões. Los neoclásicos Cláudio Manuel da Costa (1729-1789),
Basílio da Gama (1740-1795) y Tomás Antônio Gonzaga (1744-1810) escribieron poemas líricos y épicos y fueron además conocidos por
involucrarse en el movimiento de liberación llamado Conjuración Minera (Inconfidência Mineira).
En 1808, el traslado de la familia real portuguesa aportó influencias del incipiente movimiento romántico europeo. Los escritores brasileños
comenzaron a resaltar la libertad individual, el subjetivismo y la toma de conciencia sobre asuntos sociales. Después de la independencia,
la literatura romántica exaltó lo extraordinario de los trópicos de Brasil y sus indígenas, mostró preocupación por los esclavos africanos y
describió la vida urbana. Algunas de las figuras literarias más famosas del Romanticismo en Brasil fueron poetas como Castro Alves (1847-1871),
quien escribió mucho sobre la esclavitud, y Gonçalves Dias (1823-1864), que trató temas indígenas. Manuel Antônio de Almeida (1831-1861),
autor de la célebre novela Memórias de um Sargento de Milícias, fue el iniciador de la literatura picaresca en Brasil y José de Alencar (1829-1877)
escribió novelas sobre asuntos indígenas, históricos y urbanos, entre las que sobresalen O Guaraní, Iracema y Senhora. Entre los novelistas
románticos, dos siguen siendo ampliamente leídos en Brasil: Joaquim Manuel de Macedo (1820-1882), quien escribió A Moreninha, y
Alfredo d'Escragnolle Taunay (1843-1899), el creador de Inocência.
La escuela parnasiana de poesía surgió, siguiendo el modelo francés, como una reacción a los excesos del Romanticismo. Los principales
poetas brasileños de esa etapa -Olavo Bilac (1865-1918), Raimundo Correa (1860-1911), Alberto de Oliveira (1859-1937) y Vicente
Carvalho (1866-1924)- escribieron poesía refinada sobre temas culturales y sobre la misma creación artística y poética.
Machado de Assis (1839-1908) -aclamado como el más universal escritor de Brasil del siglo XIX-, sigue siendo uno de los novelistas más
importantes e influyentes de la literatura brasileña y de los más reconocidos en el exterior. Sus novelas más importantes, como Dom Casmurro y
Memórias Póstumas de Brás Cubas, así como sus cuentos, construidos con extraordinario refinamiento literario, revelan una aguda
percepción de conflictos psicológicos en la naciente burguesía brasileña.
Por su parte, la prosa de Euclides da Cunha (1866-1908) está comprometida con la literatura brasileña que retrata la realidad social.
Su famosa obra Os Sertões, publicada en 1902, relata la rebelión originada en el nordeste liderada por el fanático religioso Antônio Conselheiro.
A comienzos del siglo XX, la imaginación literaria brasileña se orientó hacia el Simbolismo, representado por los poetas Cruz e Souza (1861-1893)
y Alphonsus de Guimarães (1870-1921). Los simbolistas, interesados en el misticismo, hacían gran uso de la metáfora y de la alegoría para expresar
sus ideas. Por esos años, una actitud de ruptura con la rigidez de las tradiciones literarias imperó entre escritores y artistas brasileños y se
manifestó colectivamente en la celebración de la Semana del Arte Moderno de 1922, en São Paulo. Nuevas formas de creación promovieron
una revolución estética que apelaba al conocimiento de la realidad, de la historia y de las mitologías nacionales. Los participantes de la Semana
del Arte Moderno recurrieron a expresiones de la vanguardia europea en la literatura y en las bellas artes, tales como el Futurismo, el
Cubismo y el Dadaísmo. El poeta Menotti del Pichia resumió los objetivos del nuevo movimiento artístico con las siguientes palabras:
"Nosotros queremos luz, aire, ventiladores, aviones, reclamos de los trabajadores, idealismo, motores, chimeneas de fábricas, sangre, velocidad
y sueños en nuestro arte." Los dos teóricos más importantes de ese movimiento fueron Mário de Andrade (1893-1945), poeta, ensayista y
autor de Macunaíma a la cual él mismo llamó "una rapsodia, no una novela", y Oswald de Andrade (1890-1953), también poeta, que escribió una
colección de poemas titulada Pau-Brasil, que trataba de aspectos de la cultura brasileña. Oswald de Andrade escribió el Manifesto Antropofágico
en que valoraba en la cultura brasileña cierto primitivismo creativo, devorador de conocimientos de culturas europeas.
Manuel Bandeira (1886-1968) valoró una expresión lírica más espontánea, aunque apoyada en un tratamiento renovado de formas poéticas
tradicionales. A partir de 1930, Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) utilizó la ironía para escribir una obra poética focalizada en las
relaciones entre el hombre y un mundo, entonces en profundas transformaciones. Debe hacerse una mención sobre Vinícius de Moraes
(1913-1980), cuya poesía se convirtió en parte esencial del movimiento musical Bossa Nova, reconocido en todo el mundo. Vinícius, tal como
se lo llamaba, también escribió una obra de teatro, Orfeu da Conceição, la cual se transformó en la famosa película Orfeu do Carnaval.
Uno de los poetas brasileños más conocidos es João Cabral de Melo Neto (1918-1999). Su poesía, sobria y precisa en el uso del lenguaje,
se refiere a sí misma como trabajo de ingeniero, utilizando las palabras como material de construcción.
La novela moderna brasileña tomó nueva forma y contenido social después de que José Américo de Almeida escribiera A Bagaceira,
una historia pionera sobre las severas condiciones de la vida rural en el nordeste del Brasil. Fue seguido por Jorge Amado (1902-2001),
Graciliano Ramos (1892-1953), José Lins do Rego (1901-1957) y Rachel de Queiróz (1910), todos destacados por la fuerza de sus imágenes
evocando los problemas y penurias sociales de esa región, donde habían nacido.
Las primeras novelas de Jorge Amado, traducidas a 50 idiomas, estuvieron fuertemente influidas por sus creencias en las ideas socialistas y
concentradas en los sufrimientos de los trabajadores de las plantaciones de cacao y de los humildes pescadores de los pueblos costeros
de Bahia, su Estado natal. En los años 50, Amado optó por abordar las alegrías y tristezas de la clase media de Bahía, produciendo una serie
de libros que han sido aclamados internacionalmente; Gabriela, Cravo e Canela es quizás su libro más conocido.
Sin duda, puede decirse que el escritor más innovador de Brasil del siglo XX fue João Guimarães Rosa (1908-1967). Diplomático de carrera,
primero captó la atención del público y de los críticos con un volumen de historias cortas, Sagarana, pronto seguido de su trabajo más
conocido Grande Sertão: Veredas. Ahondando profundamente en el lenguaje del interior de Minas Gerais, Guimarães Rosa inició una especie
de revolución de la expresión literaria, con la utilización de nuevas palabras y sintaxis.
Entre otros escritores dignos de mencionar se encuentra Gilberto Freyre (1900-1987), maestro del estilo y pionero de una nueva escuela
brasileña de sociólogos. Es autor de Casa Grande e Senzala, Sobrados e Mucambos y Ordem e Progresso, un conjunto de estudios agudos
de la sociedad brasileña, que focaliza también el imaginario nacional.
Entre los novelistas del siglo XX, se destacan, entre otros: Érico Veríssimo, Lygia Fagundes Telles, Rubem Fonseca, Clarice Lispector,
Dalton Trevisan, Nélida Piñón, Osman Lins, Paulo Coelho, y Moacir Scliar. Entre los poetas Raul Bopp, Murilo Mendes, Augusto Federico Schmidt,
Mário Quintana, Cassiano Ricardo, Jorge de Lima, Ferreira Gullar, Cecília Meireles, Augusto de Campos, Haroldo de Campos,
Décio Pignatari y Francisco Alvim.

La Música

Los orígenes de Brasil -los indígenas con sus flautas de caña, los portugueses con sus cantantes y sus violas, y los africanos
con sus apasionantes sonidos- lo convierten en un país musical.
Cuando los jesuitas llegaron por primera vez a Brasil, utilizaron la música para evangelizar a los indígenas reemplazando las letras originales
de sus cantos por otras religiosas, usando el idioma tupí. También introdujeron los cantos gregorianos y enseñaron a tocar la flauta,
instrumentos de cuerda y el clavicordio, mientras la música acompañaba las ceremonias sacramentales que se llevaban a cabo en las plazas
de las iglesias y de los poblados. La música africana fue introducida durante el primer siglo de la colonia y fue enriquecida en su contacto con la
música ibérica. Uno de los tipos más importantes de música ejecutada por los esclavos negros era un baile cómico llamado lundu, que por mucho
tiempo fue una de las más típicas expresiones musicales populares e incluso se llegó a cantar en la corte portuguesa durante el siglo XIX.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII y en el XIX, se hizo popular una sentimental canción de amor llamada modinha, que se tocaba tanto en los
salones de Brasil como en la corte portuguesa. Nadie sabe si nació en Brasil o en Portugal.
En Bahía, a principios del siglo XVII, ya existían escuelas de música, y se ejecutaba música religiosa en todas las iglesias de la colonia. Así como
con otras formas de arte, esta actividad se intensificó con la llegada de la familia real en 1808; el rey João VI, amante de la música, mandó
llamar al compositor Marcos Portugal y a Segismund von Neukomm, un pianista austríaco alumno de Haydn. Los músicos locales también
atrajeron la atención del Rey, tales como José Mauricio Nuñes García (1767-1830) quien era un notable improvisador en el órgano y en el clavicordio.
João VI lo nombró Inspector de la Capilla Real, un cuerpo que contaba con más de cien músicos y cantantes, muchos de ellos extranjeros.
A finales de siglo, Carlos Gomes (1836-1896) nacido en la ciudad de Campinas en el Estado de São Paulo, compuso un número de óperas en las
que predominaba el estilo italiano, especialmente O Guarani, una ópera basada en la famosa novela brasileña de José de Alencar, acerca de un
villano colonial que incita un ataque indígena con el objetivo de obtener el tesoro de un aristócrata portugués y a su hija como esposa. Brasílio
Itiberê (1848-1913) fue el primer compositor brasileño que utilizó un motivo popular nacional como tema de música erudita. Su composición
A Sertaneja, de 1869, fue ejecutada por Franz Liszt y permanece actualmente en el repertorio universal para piano.
Así como sucedió en la literatura y en la pintura, la Semana del Arte Moderno de 1922 revolucionó la música brasileña y logró la aceptación de
una nueva generación de compositores. Liderados por Heitor Villa-Lobos (1887-1959), trajeron técnicas de vanguardia desde Europa y se tomaron
el trabajo de trasplantar las melodías y ritmos folclóricos brasileños a composiciones sinfónicas. Su música frecuentemente introdujo
muchos instrumentos musicales populares en las orquestas clásicas.
Luego de un tiempo, dos tendencias principales se identificaron en Brasil. El escritor Mário de Andrade era partidario de la idea de que los
compositores debían buscar inspiración en la vida nacional con especial énfasis en su folclore musical. El compositor Camargo Guarnieri,
un adherente de Andrade, encabezó una escuela musical conocida como Nacionalista. Otros compositores de este grupo fueron:
Luciano Gallet (1893-1931), Oscar Lorenzo Fernandez (1897-1948), Francisco Mignone (1897-1986), Radamés Gnatalli (1906-1988), y
Guerra Peixe (1914-1993). En composiciones que diferían enormemente, estos autores buscaron un lenguaje nacional que no
perdiera el carácter universal propio de la música.
Después de 1939, otra escuela musical comenzó a imponerse principalmente como resultado del trabajo de Hans Joachim
Koellreutter (1915), el creador del movimiento Música Viva. Este grupo compuesto por Cláudio Santoro (1919-1989),
Eunice Catunda (1916-1990), Edino Krieger (1928), basaron sus composiciones en la universalidad del lenguaje musical. Ellos defendían el uso del
atonalismo y del dodecafonismo como recursos compositivos.
La música popular de Brasil se desarrolló paralelamente a la música clásica y también unió a los instrumentos tradicionales europeos -guitarra,
piano y flauta- una sección completa de ritmos y sonidos producidos por sartenes, pequeños barriles con parche y un palillo en su interior -llamados
cuíca y que producen sonidos como silbidos- y panderetas -pandeiros-. Durante la década de 1930, la música popular brasileña que se escuchaba
en la radio se convirtió en un poderoso medio de comunicación masiva. Tres de los más conocidos compositores de este período son Noel Rosa
(1910-1937), Lamartine Babo (1904-1963) y Ary Barroso (1903-1964). La cantante principal de Barroso, Carmen Miranda, alcanzó fama
internacional cuando apareció en una serie de películas de Hollywood.
Mención especial merecen los compositores Alfredo da Rocha Vianna Jr, "Pixinguinha", (1897-1973), considerado por muchos como el genio
mayor de la música popular brasileña, y Angenor de Oliveira, "Cartola", (1908-1980), fundador de la escola de samba más tradicional de
Rio de Janeiro, la Estação Primeira da Mangueira.
La bossa nova apareció en Rio de Janeiro a finales de los años 50. En sus comienzos, se tocaba como música intimista en los departamentos
de la clase media y media alta de Rio. La música mezclaba el ritmo del samba brasileño con el jazz norteamericano. Más tarde, la bossa nova se
convirtió en marca registrada de un nuevo concepto de música, donde la letra de las canciones tiene gran importancia. Por tal razón, en Brasil,
la asociación de poetas e intérpretes modernos con músicos y compositores (Vinícius de Moraes, Tom Jobim, João Gilberto, Elis Regina,
Chico Buarque, Edu Lobo, Nara Leão, Luíz Bonfá, Dorival Caymmi y Baden Powell) fue de enorme éxito.
A mediados de los 60, la canción que cuenta la inolvidable historia de la garota de Ipanema en una rica línea melódica, fue el primer gran hit
internacional que surgió del movimiento de cantantes y compositores brasileños de la bossa nova. Esto posicionó a la música popular de Brasil
en el mundo y le dio fama instantánea al compositor Antônio Carlos "Tom" Jobim (1927-1994) y al poeta-compositor Vinícius de Moraes.
En 1968, durante un período de dictadura, guerrillas urbanas y búsqueda de cambios en el sistema político, aparecieron los Tropicalistas, entre
quienes se destacaron Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia y Gal Costa. El Tropicalismo puede describirse como una combinación de
música internacional (como ritmos latinos, pop y rock) con ritmos nacionales. Es muy propio de sus creaciones el lirismo, la inteligencia, los
compases más ligeros y ritmos más plenos que los de la bossa nova.
La música popular regional en Brasil incluye el forró del nordeste donde el acordeón y la flauta acompañan a las guitarras y a los instrumentos
de percusión en un baile folclórico de pies que golpean fuerte llevando el ritmo; el frevo, también del nordeste, de estilo enérgico y simple; el
chorinho (literalmente, pequeñas lágrimas) carioca que combina varios tipos y tamaños de guitarras, flautas, percusión, y un ocasional clarinete o
saxo en una forma delicada de música instrumental; y la lambada. Hay quienes creen que el samba nació en las calles de Rio de Janeiro con
contribuciones de las tres diferentes culturas: canciones cortesanas portuguesas, ritmos africanos y acompañamientos rápidos realizados con
los pies, típicos de los indígenas nativos. Otros creen que el samba es simplemente de origen africano y que evolucionó del batuque, una música
basada en instrumentos de percusión y batido de palmas.
Hoy en día en Brasil la música popular continúa explorando nuevos ritmos y nuevas melodías. Sus intérpretes y compositores utilizan todos los
recursos musicales para competir por las muy diferentes audiencias del mundo y para agradarles.

La Cinematografía

Durante el año del primer experimento de los hermanos Lumière en París, 1896, apareció el proyector cinematógrafo en Rio de Janeiro.
Diez años más tarde, la capital se enorgullecía de poseer 22 salas de cine y proyectaba el primer filme brasileño de largometraje,
Os Estranguladores, de Antônio Leal. A partir de entonces, la industria fílmica brasileña ha tenido un progreso sostenido y, aunque nunca
de envergadura, su producción a través de los años ha captado la atención internacional
En 1930, todavía la era del cine mudo en Brasil, se filmó la película Limite de Mário Peixoto. Es un trabajo surrealista que trata los conflictos
provocados por la condición humana y cómo la vida conspira para evitar la realización plena del hombre. Se la considera un hito en la historia
del cine brasileño. En 1933, Cinédia produjo A Voz do Carnaval, el primer filme con Carmen Miranda. Esta película marcó el comienzo de las
chanchadas, películas cómicas generalmente llenas de números musicales, que dominó el cine brasileño por muchos años.
Hacia finales de los años 40, la producción de películas se estaba convirtiendo en industria. La Compañía Cinematográfica Vera Cruz fue creada
en São Paulo con el objetivo de hacer películas de calidad internacional. Vera Cruz produjo algunas películas importantes antes de cerrar en 1954,
entre ellas, la épica O Cangaceiro que ganó el premio a la Mejor Película de Aventuras en el Festival de Cannes de 1953.
En los años 50, el cine brasileño cambió radicalmente la forma de realizar sus películas. Con su filme de 1955, Rio 40 Graus, el director
Nelson Pereira dos Santos se convertiría en uno de los productores cinematográficos de Brasil más importantes de todos los tiempos,
preparando el terreno para el movimiento del nuevo cine brasileño (cinema novo). En 1962, O Pagador de Promessas, de Anselmo Duarte,
ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes. Para ese entonces, el cinema novo había establecido un nuevo concepto en la
realización de películas en Brasil: una idea en mente y una cámara en las manos. Los filmes del cinema novo trataban temas relacionados
con agudas problemáticas nacionales, desde conflictos en áreas rurales hasta problemas humanos en las grandes ciudades, así como
versiones cinematográficas de importantes novelas brasileñas. Vidas Secas, dirigida por Pereira dos Santos, está basada en una novela de
Graciliano Ramos que cuenta la historia de una familia del nordeste que debe abandonar su hogar a causa de la sequía. Deus e o Diabo na
Terra do Sol del director Glauber Rocha, trata de manera alegórica el fanatismo religioso y político en el Nordeste brasileño. Noite Vazia vuelve
hacia temas urbanos intimistas, que describen la angustia de personas solitarias viviendo en la industrializada São Paulo.
A finales de los años 60, el movimiento Tropicalista había copado la música, el teatro y las artes escénicas en Brasil. Enfatizaba la
necesidad de transformar todas las influencias extranjeras en un producto nacional. El cine también estuvo bajo su hechizo; las alegorías eran
su forma de expresión. El filme más representativo del movimiento Tropicalista es Macunaíma, de Joaquim Pedro de Andrade, un análisi
s metafórico del carácter brasileño en la historia de un aborigen nativo que deja la jungla amazónica y se dirige a la gran ciudad. La película está
basada en la novela de Mário de Andrade que lleva el mismo nombre, de 1922.
Trabajando al mismo tiempo que los Tropicalistas, otro grupo de directores surgió en São Paulo y Rio de Janeiro, que también realizó filmes
de bajo presupuesto. Este movimiento, cinema marginal, produjo películas cuyos temas se referían a la sociedad marginal. Sus filmes fueron
considerados difíciles. Cabe destacar entre éstos a: Rio Babilônia, de Neville d'Almeida; Matou a família e foi ao cinema, de Júlio Bresane, y
O Bandido da Luz Vermelha, de Rogério Sganzerla.
La agencia cinematográfica del Gobierno, Embrafilme, creada en 1969, fue responsable por la co-producción, financiación y distribución de
un gran porcentaje de filmes en los años 70 y 80, si bien cesó sus operaciones en 1990. Embrafilme le incorporó una dimensión comercial a la
industria cinematográfica e hizo posible que avanzara hacia proyectos más ambiciosos. Entre los filmes más aclamados de mediados de los
años 70 están: Amuleto de Ogum, de Pereira dos Santos, Guerra Conjugal de Joaquim Pedro de Andrade, Dona Flor e seus Dois Maridos, de
Bruno Barreto y Toda Nudez será Castigada, de Arnaldo Jabor.
En los años 1980, el cine comenzó a tener poca concurrencia. Esto se debió, en parte, a la popularidad de la televisión. A pesar de ello, se
rodaron algunos filmes importantes. Muchos se ocupaban de asuntos políticos: Eles não usam Black Tie, 1981, dirigida por León Hirzman;
Memórias do Cárcere, 1984, de Nelson Pereira dos Santos, basada en el libro de Graciliano Ramos, retrata la vida de los presos políticos.
Una de las películas más sobresalientes de los 80 fue A Hora da Estrela, 1985, dirigida por Susana Amaral, y basada en una novela de
Clarice Lispector. Otros filmes destacados de los 80 fueron Bye Bye Brasil, dirigido por Carlos Diegues; y Pixote, la historia realista y perturbadora
de los delincuentes juveniles en São Paulo, con actores no profesionales, dirigida por Héctor Babenco.
Como resultado de una ley de 1993, que otorgó incentivos financieros a la producción brasileña de cine, la cantidad de películas que son
producidas en la actualidad en Brasil aumentó considerablemente y muchas de ellas son proyectadas en salas de cine de todo el mundo.
O Quatrilho, dirigida por Fábio Barreto (1996), y Quatro dias em Setembro (1998), dirigida por Bruno Barreto, fueron ambas nominadas para
el Oscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero. Central do Brasil, dirigida por Walter Salles, ganó el premio Oso de Oro en el Festival de Cine
Internacional de Berlín en 1998, y en enero de 1999 obtuvo el premio Globo de Oro a la película en idioma extranjero otorgado por la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood. En 2000, Lua de Outubro, de Henrique de Freitas Lima, se convirtió en la primera película rodada en el ámbito del Mercosur.

Las Artes Plásticas

Desde el siglo XVI, las iglesias católicas románicas y los conventos en Brasil estaban decorados en el estilo europeo, generalmente por
artesanos que habían sido entrenados en tales métodos. Durante los siglos XVII y XVIII, los modelos del barroco y del rococó importados de
Portugal dominaron la arquitectura religiosa de Brasil y su decoración interior. Muchas de esas iglesias pueden visitarse en la actualidad. El
artista más impresionante de todo el período colonial fue el arquitecto y escultor Antônio Francisco Lisboa (1738-1814), más conocido como
Aleijadinho (el Pequeño Lisiado). Autodidacta, hijo de un colono portugués y de madre esclava, fue un maestro de la sofisticada decoración rococó,
y sus esculturas en madera pintada y su santuario de piedra tienen una grandeza de espíritu infinita. En la mitad de su vida, Aleijadinho contrajo
una enfermedad paralizante, pero continuó trabajando otros 30 años con el cincel y el mazo atados a sus muñecas. Su maestría puede apreciars
e en muchas de las iglesias barrocas de su Estado natal de Minas Gerais, especialmente en la ciudad de Ouro Preto y sus alrededores. En la ciudad
vecina de Congonhas do Campo, en la iglesia de Bom Jesús de Matosinhos, Aleijadinho esculpió doce estatuas que celebraban a los profetas en
tamaño real en piedra esteatita, y las ubicó en la terraza y la escalinata de la entrada. Al frente de la escalinata, en seis pequeñas capillas para
oraciones, realizó las Estaciones de la Cruz, con 66 figuras conmovedoras talladas en cedro.
Durante las últimas cuatro décadas del siglo XVIII, surgió un nuevo arte (especialmente en Rio de Janeiro) en el cual los temas religiosos ya
no eran predominantes. Las obras sobre temas temporales, tales como retratos de personajes relevantes, se convirtieron en parte de la
producción artística de Rio.
A principios del siglo XIX, hubo un proceso de europeización con la llegada de la corte portuguesa a Brasil luego de la invasión napoleónica a
Portugal. Dom João VI, el monarca portugués refugiado, alentó la actividad intelectual de Rio de Janeiro fundando instituciones culturales como
la Prensa Real y la Biblioteca Nacional. Asimismo, trajo a un grupo de maestros franceses a Brasil para establecer la Academia de Artes y
Oficios, siguiendo el estilo de las academias de arte europeas y para implementar el estilo neoclásico en el plan de modernización de la capital
real de Rio de Janeiro. Artistas como los hermanos Taunay, el arquitecto Jean-Baptiste Debret fueron parte del grupo. Debret, el más importante
artista francés, documentó sistemáticamente los paisajes, la gente y las costumbres rurales y urbanas. La tradición establecida por Debret y
sus colegas fue tan fuerte que el neoclasicismo y la participación en academias dominaban las artes visuales brasileñas hasta bien entrada la
era de la República. En la Semana del Arte Moderno que se llevó a cabo en São Paulo en 1922, los artistas mostraron su descontento por
el mundo académico en todos los órdenes del arte brasileño. Los modernistas deseaban conmocionar a los académicos, si bien no quedó claro
si el movimiento de 1922 provocó o coincidió con algunos de los cambios en el panorama artístico. Pero sí es cierto que abrió nuevos caminos,
como la búsqueda de la calidad y de nuevos valores, todo sumado al rechazo de viejos estereotipos europeos.
No hubo precursores de genio en la pintura de Brasil; en los años '20 la pintura simplemente surgió de las sombras de la academia y se unió a la
ola de innovación que luego barrió con lo europeo. Las técnicas eran importadas, pero el modo y los temas eran claramente brasileños.
Lasar Segall (1891-1957), en 1913, fue el primer artista que exhibió arte moderno. Uno de los participantes más importantes de la Semana del
Arte Moderno fue Emiliano Di Cavalcanti (1897-1976), un verdadero bohemio proveniente de una familia de poetas y generales, a quien le gustaba
disfrutar en el submundo de Rio, y pintar seductoras mujeres mulatas. Cândido Portinari (1903-1962) fue uno de los primeros artistas brasileños
que llegó a la fama internacional. Proveniente de una pequeña plantación de café en el interior de São Paulo, experimentó con los temas brasileños
y con los colores. En una ocasión, pidió que le trajeran alrededor de 27 kilos de tierra de diferentes regiones y mezcló esas tierras negras,
púrpuras, rojizas y amarillentas con sus pinturas. Portinari captó en sus telas el modo de vida de la gente común, contando sus alegrías y
sus sufrimientos de manera dramática. Por la universalidad de su trabajo, recibió numerosas invitaciones y encargos de variadas fuentes, entre
ellos, la realización de los murales monumentales de la Biblioteca del Congreso, en Washington DC, y los de la guerra y la paz para las
Naciones Unidas, en Nueva York.
La Segunda Guerra Mundial provocó la interrupción del contacto de los artistas brasileños con el mundo artístico internacional.
Al finalizar la guerra, el patrocinio financiero comenzó a estimular la producción artística. A fines de los años 40 se creó en Rio de Janeiro
el Museo de Arte Moderno y en São Paulo, el Museo de Arte de São Paulo y el Museo de Arte Moderno. La Bienal de São Paulo,
iniciada en 1951, ayudó a atraer la atención del público internacional hacia los artistas brasileños, así como a introducir innovaciones
artísticas extranjeras en Brasil. A partir de 1950, las Bienales se tornaron el evento artístico más importante de América Latina.
Hoy en día, el panorama del arte en Brasil está bien afianzado. Sus pintores, escultores y grabadores exponen sus trabajos en museos y
galerías de todo el mundo. Entre los artistas contemporáneos se destacan nombres como Lygia Pape, Antônio Dias, Amélia Toledo, Carlos
Vergara, Cildo Meireles, Jac Leirner, Regina Silveira, José Rezende, Waltércio Caldas Jr., Anna Bella Geiger, Rubem Valentim e Hélio Oiticica.

El Carnaval

Las raíces del Carnaval se encuentran en las épocas de los antiguos romanos y griegos que celebraban los ritos de la primavera. En la Edad
Media, cuando la iglesia católica trató de eliminar todo tipo de ideas paganas, no pudo lograrlo con esta celebración. La Iglesia incorporó entonces
el rito en su propio calendario como un período de acción de gracias. Las naciones de Europa, especialmente Francia, España y Portugal,
organizaban fiestas, en las que la gente se adornaba con máscaras y bailaba en las calles. Esa tradición llegó a Brasil, donde no solo a los
portugueses les gustaba esa gran alegría -ellos contribuyeron con el entrudo, una broma en la que los traviesos se tiran a la cara agua y harina-,
sino que también los esclavos negros adoptaron la celebración. Se empolvaban el rostro, tomaban prestada alguna peluca o camisa
deshilachada del amo, y se entregaban a la diversión durante tres días.
Antes de 1840, las calles de las ciudades brasileñas vivían el desenfreno durante los tres días previos al Miércoles de Ceniza; durante la fiesta,
personas enmascaradas arrojaban bombas fétidas y se lanzaban harina y líquidos de fuerte olor unos a otros. En 1840, la esposa italiana del
dueño de un hotel en Rio de Janeiro modificó la celebración del Carnaval para siempre cuando envió invitaciones, contrató músicos,
importó serpentinas y papel picado para ofrecer un lujoso baile de disfraces. En unos pocos años, se convirtió en una moda.
En la actualidad, Rio de Janeiro cuenta con el mayor y más conocido Carnaval del mundo, que se celebra antes de la cuaresma. El evento más
importante es el desfile de las escolas de samba (escuelas de samba), que se desarrolla durante dos días, domingo y lunes, en el
Sambódromo de Rio: una pista de 530 metros de extensión donde se exhiben cerca de 60.000 sambistas.

Arquitectura

La arquitectura colonial brasileña proviene de Portugal, con las adaptaciones que demandaba el clima tropical. Los ejemplos más perdurables
de este estilo tan atractivo se encuentran en las iglesias y los monasterios de las ciudades más antiguas, pero de modo más espectacular en
Ouro Preto, Estado de Minas Gerais. Esta ciudad, meticulosamente restaurada, está protegida como patrimonio histórico de Brasil y
ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Entre la segunda mitad del siglo XIX hasta principios del XX, los arquitectos brasileños estuvieron bajo la influencia francesa. Desde ese
entonces y sin perder el contacto con otros vanguardistas extranjeros, tales como Le Corbusier y Frank Lloyd Wright, la arquitectura en
Brasil ha desarrollado su propio estilo y actualmente atrae la atención mundial como una de las formas artísticas más expresivas del país.
La envergadura y el ritmo de la expansión urbana durante los últimos treinta años abrió oportunidades excepcionales para combinar
las necesidades sociales y funcionales con la innovación artística. El resultado ha sido no solo el surgimiento de numerosos edificios
espléndidos, sino también el nacimiento de suburbios enteros y ciudades completamente nuevas.
Buenos ejemplos de la arquitectura brasileña moderna del período temprano, en los años '30 y '40, son la casa de Gregori Warchavchik,
en São Paulo; la Terminal de Pasajeros del Aeropuerto Santos Dumont, en Rio de Janeiro, de los hermanos Roberto; el Ministerio de Educación
en Rio de Janeiro, diseñado por un grupo de jóvenes arquitectos liderados por Oscar Niemeyer con Le Corbusier como consultor; y el complejo
edilicio de Pampulha, en las afueras de Belo Horizonte, diseñado por Oscar Niemeyer, el cual incluye la Iglesia de San Francisco, en forma de
ola. Los ejemplos tardíos de la arquitectura moderna de Brasil son más numerosos, entre ellos el Museo de Arte Moderno en Rio de Janeiro,
de Affonso Reidy, terminado en los años 50; la Facultad de Arquitectura de São Paulo, de Vilanova Artigas de los 60; la Embajada de Brasil
en Washington D.C., de Olavo Redig de Campos, de los 70; el Centro Cultural Pompéia, de Lina Bo Bardi, en São Paulo, de los años 80; y
el Hospital Sara Kubitschek, en Salvador, de Luis Filgueiras Lima, de los años 90.
Por supuesto, el ejemplo más conocido de la arquitectura brasileña es la nueva ciudad capital de Brasília, fundada en 1960. El plano urbano
concebido por Lúcio Costa y el diseño de los principales edificios públicos del arquitecto Oscar Niemeyer se han convertido en un hito en la
arquitectura a gran escala. Cabe destacar el Palacio Itamaraty -sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil-, de Niemeyer, con sus
encumbrados arcos de hormigón y su jardín acuático; y la Catedral de Brasília, con sus dedos de cemento entrelazados tratando de elevar al
cielo sus plegarias. Niemeyer fue además uno de los miembros del grupo de arquitectos que diseñó el edificio de las Naciones Unidas
en la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos de América, y las oficinas del Comité Central del Partido Comunista en París.
Los edificios nuevos, por sí solos, no pueden crear entornos urbanos bellos y armoniosos. Paralelamente a estos nuevos y audaces
conceptos arquitectónicos, nació en Brasil una escuela de paisajistas encabezada por Roberto Burle Marx, para equilibrar las imágenes
de las estructuras de hormigón y vidrio con el placentero verdor de jardines y parques. Burle Marx ha adquirido reputación internacional y el
resultado de su obra se aprecia en numerosas ciudades brasileñas. En la actualidad, pueden verse ejemplos de su trabajo en jardines
públicos y privados y en parques en las Américas y en Europa.

Los deportes

La inclinación de los brasileños hacia los deportes en general se evidencia en la existencia de alrededor de 8.000 clubes deportivos en todo
el país. Ningún otro deporte puede competir en Brasil en popularidad con el fútbol. El estadio Mário Filho -Maracanã-, construido en Rio de Janeiro
para la Copa Mundial de 1950, es el más grande del mundo con una capacidad para 200.000 personas; otros cinco estadios albergan más
de 100.000 asistentes cada uno. La Selección del Brasil fue el primer equipo que ganó cinco veces la Copa del Mundo en 1958, 1962, 1970,
1994 y 2002. Incluso personas que no son particularmente amantes del fútbol conocen al jugador brasileño Edson Arantes do
Nascimento -Pelé-, internacionalmente aclamado como uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Durante su carrera de 18 años
en Brasil, Pelé convirtió más de 1.200 goles, y al retirarse del fútbol profesional brasileño, intentó popularizar este deporte en los
Estados Unidos y jugó durante algunos años en el Cosmos Soccer Club de Nueva York.
El voley también es un deporte muy popular tanto para hombres como para mujeres. El equipo femenino ganó la Copa Mundial en 1991 y
el masculino ganó la Medalla de Oro en las Olimpíadas de 1992 y el Campeonato Mundial en 2002; en voley de playa, la brasileñas son
campeonas mundiales y los equipos del país suelen estar en los lugares más destacados en cualquier competencia internacional.
El país también es reconocido como una de las mayores fuerzas en basquet, con un equipo femenino ganador del campeonato mundial en
Sidney, Australia, en 1994, y un equipo masculino, con excelentes actuaciones en muchos juegos olímpicos y ganador de dos campeonatos
mundiales. También existen grandes logros en el tenis. En 1959 y a comienzos de los '60, María Ester Bueno ganó tres campeonatos de
Wimbledon; en 1987, un equipo brasileño se clasificó en la Primera División de la Copa Davis. Hoy en día, la mayor revelación tenística de
Brasil es Gustavo "Guga" Kuerten, quien ganó el Abierto de Francia en 1997, 2000 y 2001 y que, en 2000, logró alcanzar el primer lugar en el
ranking mundial del tenis masculino. Guga, tal como lo llaman sus fans, es actualmente uno de los deportistas más conocidos del mundo.
Algunos observadores creen que Brasil está listo para alcanzar uno de los primeros lugares entre las naciones maratonistas. En 1998,
Ronaldo da Costa, un corredor brasileño poco conocido, superó el record mundial en 45 segundos en la Maratón de Berlín, con un tiempo
de 2:06:05. Da Costa es el primer corredor de Sudamérica en lograr una nueva marca mundial en maratón.
A partir de finales de los años '60, cuando Emerson Fittipaldi comenzó a acumular victorias en las carreras automovilísticas de Fórmula 1,
este deporte aumentó rápidamente su popularidad. Una cantidad de nuevos pilotos promisorios fueron llegando. Nelson Piquet, fue
Campeón Mundial en 1981, 1983 y 1987 y el aclamado Ayrton Senna ganó campeonatos en los circuitos internacionales en 1988, 1990 y
1991; infelizmente en 1994 un trágico accidente en el circuito de Imola, Italia, terminó con su vida.
Los brasileños se han distinguido en competencias internacionales en remo, navegación a vela, yudo y natación, con medallas de oro, plata y
bronce para su reconocimiento. Siempre deseosos de aprovechar al máximo las extensas costas del país y su clima cálido, los brasileños
también están incorporando nuevas actividades deportivas como el surf, el windsurf y el aladeltismo entre las disciplinas más competitivas.

Comidas y bebidas

Las comidas

En Brasil, dentro de su inmenso territorio, hay una rica cocina regional que presenta platos de variados tipos practicados por el arte
culinario universal. Los colonizadores del pais no descubrieron aquí una cocina desarrollada, pero el impacto del medio ambiente y
de los nuevos ingredientes se hicieron sentir enseguida. El contacto del portugués con los indígenas hace que se junten dos vértices culinarios.
La mandioca, las frutas, las pimientas, la caza y la pesca se van mezclando con gracia al aceite de oliva, al bacalao seco, a los guisos, a la
repostería. El colonizador comienza a llevar esclavos africanos al Brasil, a las plantaciones de caña de azúcar y después a la explotación de
minas de oro y piedras preciosas. La cocina brasileña incorporó inmediatamente el aceite de dendê, el coco y otros ingredientes recibidos como
influencias de Africa. Cada región tiene su comida festiva, pero la feijoada (porotos negros con caldo espeso, cocido con una gran variedad y
abundancia de carnes saladas), de origen carioca (de Rio de Janeiro) es considerada por muchos como el plato brasileño más típico.
Es costumbre precederlo con la famosa caipirinha, la bebida nacional.

Las bebidas

Muchos viajeros internacionales consideran que la cerveza brasileña es una de las mejores del hemisferio occidental. Por generaciones,
ha habido expertos alemanes y holandeses fabricantes de cerveza que supervisan la producción y el procesamiento en todas las grandes
compañías. La cachaça (aguardiente de caña) es otra bebida popular. Mezclada con trozos de limón, hielo y azúcar se transforma en la
famosa caipirinha. En el rubro de las bebidas sin alcohol, hay dos de gran importancia: al norte, el guaraná, gaseosa hecha com la fruta
del mismo nombre proveniente del Amazonas; y al sur, la yerba mate, servida sobre todo como chimarrão (similar al mate argentino).
Un lugar destacado desde la época de la colonia y de alcance mundial es el famoso cafezinho, presente en toda reunión.